Podcasts de historia

Tribus amazónicas perdidas: por qué Occidente no puede superar su obsesión con El Dorado

Tribus amazónicas perdidas: por qué Occidente no puede superar su obsesión con El Dorado

Recientemente se descubrieron varios asentamientos antiguos en la cuenca del Alto Tapajós del Amazonas. Esto no es El Dorado, aunque se te perdonará por pensar así. La cobertura de prensa demuestra una fijación en la idea de que el Nuevo Mundo tropical pudo haber sido una vez el sitio de sociedades monumentales, como las de Egipto o Mesopotamia. Newsweek anunció que los recientes descubrimientos "reescribieron" la historia de las Américas antes de Colón: no una afirmación modesta. The Guardian proclamó: "Aldeas amazónicas perdidas descubiertas por arqueólogos".

Mientras tanto, National Geographic (en parte responsable de la financiación del proyecto) anunció que “la selva amazónica alguna vez fue el hogar de millones más de lo que se pensaba”. Esto está lejos de la idea de un paisaje prístino al que los conservacionistas han estado aludiendo durante años. Como señaló uno de los investigadores de Exeter al Washington Post: "Parece que era un mosaico de culturas".

Evidencia de un asentamiento prehistórico. (Universidad de Exeter)

Las noticias de la Amazonía se han preocupado durante mucho tiempo por las “tribus perdidas” o los “pueblos aislados”. Un documental de 1970 retrata el elemento clave del género: los pueblos nativos que se resisten a la asimilación. En este siglo, el énfasis ha cambiado un poco. Cada vez más, los pueblos nativos de la Amazonía son retratados no solo como "perdidos", sino que también ocupan un reino natural que está en peligro de perderse debido a la exploración petrolera, la minería y la extracción de madera.

Indios "perdidos"

Esto quedó sorprendentemente ilustrado en 2008, cuando José Carlos dos Reis Meirelles Junior, un funcionario de la FUNAI (la agencia nacional india de Brasil) publicó imágenes dramáticas y aún ampliamente reproducidas de indios teñidos de forma exótica que intentaban derribar aviones con arcos y flechas. Meirelles describió las amenazas a esas tribus y sus tierras como "un crimen monumental contra el mundo natural".

Meirelles reconoció que los esfuerzos para prevenir la explotación destructiva de la madera eran más efectivos si se llevaban sobre los hombros de los indígenas "no contactados", en parte porque el "indio exótico" es un símbolo poderoso para el público metropolitano.

  • ¿Se perdieron alguna vez las diez tribus perdidas de Israel?
  • La dieta de los cerebros humanos ayudó a la tribu de Papúa Nueva Guinea a resistir las enfermedades
  • Entrelazando la vida humana y el medio ambiente: comprensión de los movimientos de tierra geométricos antiguos en el suroeste de la Amazonía

Sin embargo, como se señaló en una revisión de un documental de 2016 que relató algunos de los esfuerzos de Meirelles para llamar la atención sobre la difícil situación de los indígenas, existe una ambigüedad útil en el término "no contactados". Para el observador ingenuo, el término implica autonomía y aislamiento. Pero, de hecho, es un término utilizado por los funcionarios de la FUNAI para identificar a los grupos que simplemente no tienen una relación oficial con aquellos agentes del estado facultados para actuar en su nombre. Como dijo el propio Meirelles cuando The Guardian le preguntó sobre el término:

“Todos los pueblos calificados de 'aislados' han tenido algún tipo de contacto con nosotros. Generalmente violento. Lo que no tienen es un contacto regular. Pero han estado usando hachas, machetes y ollas de hierro durante al menos 100 años ".

El indio "perdido" del presente representado como una versión viva del indio del pasado (en contraposición a lo que muchos consideran como el derivado compuesto, sucedáneo, mestiço, es decir, la mayoría de los amazónicos) sigue siendo un icono formidable de la Amazonía. y se ve reforzado ahora por la noción del descubrimiento de una civilización tropical histórica. Después de todo, los relatos periodísticos siguen estando impulsados ​​por la fascinación por las ciudades perdidas, las tribus perdidas y lo exótico del neotropicalismo.

Por tanto, estos hallazgos pueden parecer que revolucionan nuestra comprensión del Amazonas. Pero más allá de los números en esta región en particular (los autores del estudio reciente estiman que entre 500.000 y un millón de personas vivían en la cuenca del Alto Tapajós), realmente hay muy pocas novedades aquí. Una literatura muy sustancial ha desafiado las opiniones predominantes sobre el carácter prístino de la Amazonia anterior a la conquista durante décadas (o más).

Un paraíso falso

Irónicamente, en el mismo mes en que se anunciaron estos descubrimientos, dos de los principales contribuyentes a la visión revisada de la historia amazónica, Alfred Crosby y Denise Schann, murieron.

Se encuentran entre un grupo muy grande de académicos cuyo trabajo ha desafiado los puntos de vista ortodoxos centrados en la afirmación de que la Amazonia es un "paraíso falso" intrínsecamente inadecuado para cualquier existencia social que no sea la más marginal. La evidencia de la complejidad social en las jefaturas y proto-estados, como lo demuestra aún más el descubrimiento reciente, contrarresta estas afirmaciones.

Investigadores que exploran un asentamiento descubierto. (Universidad de Exeter)

Pero el desafío a la imagen del “infierno verde” amazónico tiene una profundidad histórica considerable. De hecho, el cronista del primer descenso europeo del río Amazonas, Gaspar de Carvajal, informó una densidad de poblaciones ribereñas en 1542 que contrasta notablemente con las caracterizaciones posteriores de la Amazonia como una tierra de cazadores forestales aislados, en pequeña escala. -recolectores. Desde entonces, muchos otros han contribuido, de diversas formas, a una reconfiguración de la Amazonia premoderna que se niega a sucumbir a los estereotipos imperantes.

  • Cientos de geoglifos amazónicos que se asemejan a Stonehenge desafían las percepciones de la intervención humana en la selva tropical
  • La ciudad perdida de Z y la misteriosa desaparición de Percy Fawcett
  • El conocimiento medicinal antiguo de las tribus amazónicas se registrará por escrito por primera vez en la historia

De hecho, pocos grupos indígenas históricos mantuvieron vidas tan aisladas o pacíficas como sugieren las representaciones predominantes de las postales. Lo mismo es cierto hoy. Los indios están asediados por el estado y los intrusos hambrientos de recursos. Por lo tanto, generalmente mantienen una existencia caracterizada por altos niveles de conflicto social (cuando buscan defender los límites territoriales, por ejemplo), desesperación (notoriamente altos niveles de suicidio) y desintegración cultural.

Cliché reinante

La repetida invocación de la Amazonia del mito - de tribus perdidas o ciudades perdidas - es fácil de cuestionar sobre una base fáctica, aunque tales objeciones parecen bastante débiles ante el poder del cliché. Los clichés son mucho más comestibles que la banalidad de la explotación rentable de la “naturaleza barata” amazónica, los minerales, la energía hidroeléctrica, la madera y las tierras agrícolas disponibles a un costo mínimo para las empresas capaces de extraer a escala. Pero la descripción típica de los "pueblos perdidos" asediados por la industria capitalista difícilmente capta el carácter globalista, implantado y a largo plazo de la explotación de recursos en la región.

Que prevalezcan los clichés no es de extrañar. Pero es desalentador que la relación entre el pasado y el presente se haya vuelto tan regularmente opaca. Hablamos repetidamente de mundos perdidos, pueblos perdidos, civilizaciones perdidas, como si esto hubiera ocurrido a través de algún tipo de proceso natural, más que como resultado de la destrucción persistente y sistemática de esas sociedades (así como de sus entornos naturales).

Estar “perdido”, extraviado o requerir un “redescubrimiento” no es una condición intrínseca. La evaluación realista de lo que está sucediendo en el curso del desarrollo amazónico difícilmente se encapsula en imágenes de postal y fantasías de El Dorado.

--


Noticias etiquetadas con asentamiento antiguo

Un análisis de cuatro cráneos antiguos encontrados en México sugiere que los primeros humanos que se asentaron en América del Norte eran biológicamente más diversos de lo que los científicos habían creído anteriormente.

Drones revelan secretos de una antigua aldea de Florida

Utilizando tecnología de drones, un equipo de investigadores de la UF ha descubierto cómo una antigua aldea de Florida desempeñó un papel fundamental en la geopolítica precolombina.

Las 'megaestructuras' de Tripolye eran antiguos centros comunitarios

Las llamadas "megaestructuras" en la antigua Europa eran edificios públicos que probablemente servían para una variedad de propósitos económicos y políticos, según un estudio publicado el 25 de septiembre de 2019 en la revista de acceso abierto PLOS ONE by.

Tribus amazónicas 'perdidas': por qué Occidente no puede superar su obsesión con El Dorado

Recientemente se descubrieron varios asentamientos antiguos en la cuenca del Alto Tapajós del Amazonas. Esto no es El Dorado, aunque se te perdonará por pensar así. La cobertura de prensa demuestra una fijación por la idea.

El descubrimiento de un sitio antiguo en Albania detiene el trabajo en un gasoducto

Los trabajos para construir un gasoducto masivo a través del sureste de Europa se suspendieron después del descubrimiento de un antiguo asentamiento en el este de Albania, dijo el miércoles la compañía Trans Adriatic Pipeline.

Luz sobre el estilo de vida y la dieta de los primeros neozelandeses

(Phys.org) —Un equipo multidisciplinario de científicos dirigido por la Universidad de Otago ha arrojado nueva luz sobre la dieta, los estilos de vida y los movimientos de los primeros neozelandeses mediante el análisis de isótopos de sus huesos y dientes.

ADN antiguo arroja luz sobre los misterios de las ballenas árticas

Científicos de la Wildlife Conservation Society, el Museo Americano de Historia Natural, la Universidad de la Ciudad de Nueva York y otras organizaciones han publicado el primer análisis genético de rango amplio del uso de ballenas de Groenlandia.

La Pequeña Edad de Hielo provocó la migración de zorros árticos que saltaban de isla en isla

La Pequeña Edad de Hielo permitió que una nueva ola de zorros árticos colonizara Islandia, según una nueva investigación.

Restos de plantas vinculan la agricultura con el daño del paisaje en Perú

Un estudio de restos de alimentos de antiguos asentamientos a lo largo del valle inferior de Ica en Perú confirma las sugerencias anteriores de que la agricultura socavó tanto la vegetación natural que, finalmente, gran parte del área tuvo que ser abandonada.

La tecnología espacial revoluciona la arqueología y la comprensión de Maya

Un paso elevado de las espesas selvas de Belice ha revolucionado la arqueología en todo el mundo e ilustra vívidamente los complejos centros urbanos desarrollados por una de las civilizaciones antiguas más estudiadas: los mayas.


¿Ocupar la Amazonia? Los activistas indígenas están tomando acción directa, y está funcionando

Los pueblos originarios de Loreto, en la cuenca del Amazonas peruano, acaban de terminar un mes de ocupación de 14 pozos petroleros pertenecientes a la empresa argentina Pluspetrol. Las negociaciones aún están en curso entre la empresa petrolera y varias otras comunidades, representadas por la asociación indígena Feconaco.

Esta no es la primera vez que Feconaco ocupa las operaciones de Pluspetrol. Este tipo de acciones por parte de los grupos indígenas son relativamente comunes.

Los pueblos amazónicos no parecen haber aprendido la acción directa del movimiento de ocupación o de las tradiciones de protesta euroamericanas, a pesar de tácticas similares. En ausencia de una protección estatal que funcione, los nativos siempre han tenido que defenderse por sí mismos.

En septiembre pasado, por ejemplo, la gente Ka'apor del noreste de Maranhão en Brasil publicó fotografías de madereros ilegales que habían capturado y atado. Habían tomado cartas en el asunto porque el estado no estaba protegiendo su territorio.

Los pioneros de la acción directa indígena fueron los Kayapó del sur de Pará en Brasil, quienes comenzaron a monitorear la extracción de oro y luego la tala en su territorio, lo que los altos líderes toleraron y de hecho se beneficiaron. A principios de la década de 1990, la destrucción ambiental y el envenenamiento por mercurio llevaron a muchos kayapó a apoyar a una generación más joven de líderes que expulsaron a los mineros y madereros de su territorio. Desde entonces, las imágenes de los Kayapó se han convertido en sinónimo de ambientalismo indígena.

Una historia de explotación

El relativo éxito de la acción directa en las últimas décadas contrasta con los encuentros a menudo sangrientos que tuvieron lugar antes, de los cuales los indios mal armados salieron invariablemente mal.

Los pueblos indígenas de la Amazonía han sido víctimas de las industrias minera y energética durante cientos de años. Los primeros colonos estaban motivados por la codicia por el oro, y han seguido oleadas sucesivas de explotación. Las relaciones laborales violentas y coercitivas del auge del caucho (que terminó hace un siglo) continúan afectando la forma en que la población local ve el comercio y los forasteros.

Los cazadores de pieles disparaban a los nativos a la vista durante gran parte del siglo XX. Un buen amigo mío, uno de mis principales informantes sobre el terreno, huyó de Brasil cuando era niño después de que los cazadores de pieles mataran a su familia y vino a vivir con otra tribu en la zona fronteriza entre la Guayana Francesa y Surinam. Aquí, y en toda la región de Guayana (la vasta área del noreste de la Amazonia bordeada por los ríos Negro, Orinoco y el bajo Amazonas), la extracción de oro, diamantes y otros minerales ha provocado importantes conflictos sociales.

Las pequeñas comunidades de la región se mantienen unidas por lazos personales de parentesco y dependen en gran medida de los ecosistemas locales para su sustento. Esto los hace particularmente vulnerables a los efectos secundarios de las industrias extractivas, como la destrucción del medio ambiente y la contaminación de ríos y lagos. Pero también hay efectos sociales y médicos: prostitución, alcoholismo, drogadicción y la introducción de nuevas enfermedades como el VIH.

Las empresas mineras y petroleras generalmente se ganan una mala reputación por sus actividades en la Amazonía, pero los proyectos ideados en nombre de la “sostenibilidad” también pueden tener un impacto negativo. Piense en particular en el programa de represas hidroeléctricas que se está implementando en todo Brasil. Belo Monte, la cuarta presa hidroeléctrica más grande del mundo, se está construyendo en un afluente sur del Amazonas, por ejemplo. Ya ha provocado la afluencia de decenas de miles de trabajadores, lo que ha provocado graves tensiones en las relaciones sociales locales. Su impacto en un vasto ecosistema, una importante cuenca hidrológica, será monumental.

Las protestas contra la represa de Belo Monte han fracasado, ya que un gobierno brasileño centrado en el desarrollo siguió adelante con su proyecto que, después de todo, es consistente con la retórica política de la “economía verde”. Los pueblos indígenas son una pequeña parte del electorado y su voz tiene poca influencia en la escena política nacional.

Empresas en la mira

Podría decirse que las protestas contra las empresas privadas internacionales pueden ser más efectivas, en la medida en que los directores de estas empresas consideran que una mala imagen pública afecta significativamente sus ganancias.

Una batalla legal que se libra durante casi dos décadas entre los pueblos indígenas de Ecuador y el gigante energético Chevron, contribuyó a que la corporación ganara el título de Lifetime Award for Shameful Corporate Behavior por satíricos de base en Davos a principios de este año. Sin embargo, las actividades de responsabilidad social empresarial que resultan de tales presiones parecen, con demasiada frecuencia, ser en gran parte cosméticas.

Donde la acción directa ha tenido éxito es en gran parte gracias a la construcción de nuevos tipos de alianzas entre líderes indígenas, ONG progresistas y de orientación social y activistas independientes, incluidos algunos académicos.

Los pueblos indígenas de la cuenca del Amazonas se han vuelto gradualmente, a lo largo de los siglos, más hábiles para organizarse y hablar el idioma del poder. Ahora son una parte clave de un movimiento mundial de pueblos indígenas que puede recurrir a un número cada vez mayor de activistas con formación en derecho internacional, realización de documentales o incluso antropología, para ayudar en las campañas. A menor escala, las comunidades se involucran regularmente con diferentes proyectos traídos por personas externas, incluidas las “asociaciones” propuestas por las industrias extractivas.

Sin embargo, con la misma frecuencia llegan a lamentar su entrada en la relación. Los pueblos indígenas se dan cuenta de que su comprensión de los intercambios justos no es la misma y, a veces, ni siquiera es compatible con la de sus interlocutores, ya sean madereros, mineros o personas que buscan riquezas más intangibles, como diseños tradicionales, música o conocimientos ecológicos. .

Estas experiencias muestran que los conflictos que a veces surgen entre nativos y forasteros que buscan extraer recursos naturales no son simplemente conflictos de intereses materiales, y no están estructurados simplemente por un desequilibrio de poder. Están en un nivel más fundamental conflictos de visiones del mundo, decosmovisiones, como a veces los llaman los afrocolombianos.

Los pueblos indígenas han hecho grandes esfuerzos para hablar a través de la brecha entre ellos y otros que viven y se mueven en el mundo capitalista. La responsabilidad ahora recae en los forasteros, incluidos los estados poscoloniales y las organizaciones transnacionales, para hacer el esfuerzo correspondiente.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.


Temas relacionados

Mayores contribuyentes

Profesor, Escuela Jackson de Estudios Internacionales, Universidad de Washington

Miembro de investigación, Instituto de Estudios sobre el Desarrollo, Universidad de Sussex

Investigador principal, Instituto de Estudios Energéticos de Oxford, Universidad de Oxford

Investigador postdoctoral, Royal Holloway

Profesor, Escuela de Ingeniería y Tecnología Avanzada, Universidad de Massey

Becario postdoctoral, Centro de Historia Presidencial, Universidad Metodista del Sur

Investigador de doctorado, Durham Energy Institute, Durham University

Profesor de geoingeniería de carbonato de petróleo, Universidad Heriot-Watt

Científico jefe y profesor de exploración de geociencias, Universidad Heriot-Watt

Emérito, Departamento de Biología y Observatorio de Grandes Lagos, Universidad de Minnesota Duluth

Investigador asociado postdoctoral, Instituto de Educación Tecnológica de Creta

Director y profesor, Extractives Baraza, Strathmore University

Profesor emérito de antropología, Goldsmiths, Universidad de Londres

Profesor, Geografía física (ciencias del clima), Te Herenga Waka - Universidad Victoria de Wellington

Maître de conférences en économie, Conservatoire national des arts et métiers (CNAM)


Contenido

Con Inglaterra en guerra con España en 1585, los corsarios ingleses se habían propuesto asaltar posesiones y embarcaciones españolas y portuguesas, y realizar comercio ilícito. Sir Walter Raleigh había disfrutado de varios años de la alta estima de la reina Isabel I, que se derivaba en parte de sus hazañas anteriores en el mar, que incluían la famosa captura de la Madre de Deus. [6] Poco después, sin embargo, Raleigh sufrió un breve encarcelamiento por casarse en secreto con una de las damas de honor de la reina, Elizabeth Throckmorton, y darle un hijo. [7] En un intento por restaurar su influencia con la Reina, Raleigh, habiendo prometido cosas "un imperio rico en oro más lucrativo que Perú", había organizado una expedición bajo el mando de John Whiddon para encontrar la legendaria ciudad de oro conocida como El Dorado. siguiendo uno de los muchos mapas antiguos que indicaban la supuesta existencia de la ciudad. Raleigh tenía como objetivo llegar al lago Parime en las tierras altas de Guyana (la supuesta ubicación de la ciudad en ese momento). [8]

La fascinación de Raleigh comenzó cuando capturó a Pedro Sarmiento de Gamboa, el gobernador español de la Patagonia, en una redada en 1586, quien, a pesar de la política oficial de España de mantener en secreto toda la información de navegación, compartió sus mapas con cartógrafos ingleses. [9] El mayor descubrimiento fue el relato de Gamboa sobre Juan Martínez de Albujar, quien había participado en la expedición de Pedro de Silva a la zona en 1570, solo para caer en manos de los caribes del Bajo Orinoco. [10] Martínez afirmó que fue llevado a la ciudad dorada con los ojos vendados y fue entretenido por los nativos, luego salió de la ciudad pero no recordaba cómo regresar, solo recordaba un gran lago que estaba cerca. [11] Raleigh quería encontrar la ciudad mítica, que sospechaba que era una ciudad india nativa llamada Manoa cerca de un gran lago llamado Parime. Además, esperaba establecer una presencia inglesa en el hemisferio sur que pudiera competir con la de los españoles y tratar de reducir el comercio entre nativos y españoles formando alianzas. [8]

Whiddon navegó a la isla de Trinidad en 1594 y fue recibido por Antonio de Berrío, el gobernador español de la isla (que solo se había establecido en 1592), y María de Oruña (sobrina de Gonzalo Jiménez de Quesada). Cuando surgieron preguntas sobre El Dorado, De Berrío se enojó y ordenó la ejecución del pequeño grupo inglés, pero a Whiddon se le permitió irse para contarle la historia a Raleigh. [1] Raleigh organizó de inmediato una expedición a fines de 1594, cuyo primer objetivo era intentar capturar a De Berrío, quien estaba usando la isla con el propósito de explorar el río Orinoco. [5] La expedición constaba de cuatro barcos: el Cachorro de león bajo el mando del capitán George Giffard, un pequeño premio español llamado Gallego capitaneado por Lawrence Kemys, el propio buque insignia de Raleigh al mando del Capitán Jacob Whiddon y el Maestro John Douglas, y un pequeño barco al mando del Capitán Cross. A bordo iban 150 oficiales, soldados y caballeros voluntarios. [12] Otras dos expediciones esperaban unirse. La primera expedición, dirigida por Robert Dudley y George Popham, se había ido antes y la segunda, dirigida por George Somers y Amyas Preston, partió un mes después. [13]

Raleigh salió de Plymouth el 6 de febrero de 1595 y navegó hacia las Azores para adquirir nuevos suministros antes de cruzar el Atlántico. Habiéndolo hecho con éxito, Raleigh navegaba cerca de las Islas Canarias, donde frente a Tenerife se capturó un barco español, se vació el cargamento del que se tomaron una gran cantidad de armas de fuego. [14] Un día después, un barco flamenco fue capturado y su cargamento también se estaba vaciando: 20 barriles de vino español. [15]

Raleigh llegó al Caribe a fines de marzo, pero había perdido contacto con otros dos consortes durante la travesía transatlántica y no pudo encontrarse con ninguno de los dos. La primera expedición al mando de Dudley y Popham, que habían esperado y solo partieron del área alrededor del 9 de febrero. Entre ellos habían capturado muchos barcos españoles dándoles una excusa para regresar a Inglaterra con sus premios. [1] Al mismo tiempo, la Expedición Preston Somers se dirigió más hacia el oeste para distraer a los españoles de la expedición de Raleigh. [15] Se suponía que ellos también se encontrarían, pero también se habían perdido. [12] En cambio, continuaron con su expedición y se dirigieron hacia La Guaira y Coro, donde atacaron con éxito. Su mayor premio fue cuando tomaron Caracas en un atrevido asalto habiendo cruzado un paso por las montañas. [13]

Captura de Trinidad Editar

Raleigh había planeado descender sobre la colonia española de Trinidad, en particular el asentamiento principal de San José de Oruña, fundado por Berrio en 1592. [3] Primero que nada, desembarcó y exploró el sur de la isla. Raleigh descubrió que los indios eran cultivo de tabaco y caña de azúcar de buena calidad. Mientras navegaba por el golfo de Paria supuestamente olió alquitrán y llegó a la orilla de Terra de Brea. Los caribes llevaron a Raleigh a un lago de brea (el más grande de los tres lagos de asfalto natural del mundo) y se dio cuenta de que la sustancia era ideal para calafatear sus barcos. Se llevó varios barriles con él y desde entonces se le atribuye el "descubrimiento" del lago. [16] El objetivo principal de Raleigh era capturar al gobernador español que también estaba buscando la misma ciudad legendaria, interrogarlo y obtener la mayor cantidad de información antes de que continuara su expedición. [5]

El 4 de abril, Raleigh desembarcó a un centenar de soldados y se apoderó de la pequeña empalizada en Puerto de España abrumando a la pequeña guarnición española antes de avanzar hacia el interior con la intención de capturar San José de Oruña. [8] Después de llegar justo antes de la ciudad, la sorpresa fue bien del lado inglés. [5] Se lanzó un asalto nocturno que no duró más de una hora y la guarnición de casi cincuenta hombres fue pasada a espada. El general español alcalde Álvaro Jorge, fue capturado y hecho prisionero pero el verdadero premio fue el gobernador de Berrio. Pronto le suplicó que se salvara el lugar y Raleigh estuvo de acuerdo y se quedó con la ciudad para usarla como base temporal para una exploración del río Orinoco. [17] Raleigh también liberó a cinco jefes indios nativos a quienes Berrio había atado con una cadena larga, torturado y dejado morir de hambre. [12] [18]

Se construyó un fuerte en caso de cualquier contraataque español mientras comenzaba su búsqueda para encontrar la supuesta ciudad de El Dorado. [1] Raleigh interrogó a De Berrio y le dijeron lo que sabía sobre Manoa y El Dorado, pero luego trató de disuadir al inglés de continuar su búsqueda, pero sus advertencias fueron en vano. [3] [8]

Cuenca del río Orinoco Editar

El 15 de abril, Raleigh partió de su base en el Gallego, que fue cortado para viajar por el río, con cien hombres junto con dos wherries. [12] Tenían provisiones para casi un mes, pero tenían que partir lo más rápido posible: habían escuchado rumores de una expedición española masiva a la zona. Este rumor resultó ser cierto, una fuerza española liderada por un capitán Felipe de Santiago, uno de los oficiales de confianza de Berrio, con varias canoas partió de su base en la isla de Margarita e intentó seguir la expedición de Raleigh. [19] Los ingleses entraron en la cuenca del río Orinoco, pero las aguas a veces eran demasiado poco profundas y, por lo tanto, el Gallego se modificó aún más para compensar y además se construyeron algunas balsas para reducir el peso. A medida que avanzaban a través del río, se abrieron una miríada de vías fluviales, pero Raleigh y sus hombres se dirigieron río arriba primero viajando por el río Manamo. [20]

A medida que la expedición avanzaba más y más, Raleigh y sus hombres pronto comenzaron a sufrir el calor y las lluvias tropicales. A medida que la jungla se hizo más densa, la tripulación tuvo que abrirse paso a trompicones, pero algunos hombres se quedaron desconcertados, incluido un guía indio llamado Ferdinando que desapareció, ya sea por haber escapado o siendo capturado por los nativos locales. [4] Sin embargo, Raleigh pronto se encontró con un pueblo indio donde consiguieron no solo un guía, sino también pescado, pan y aves. [20] Partió de nuevo y la jungla se volvió menos densa. A los pocos días se reveló la región de la sabana del valle del Orinoco. La moral aumentó entre la tripulación: uno de ellos, un negro, decidió nadar pero fue devorado por un cocodrilo a la vista de los hombres. [21] Raleigh notó con horror este evento que sacudió a la tripulación y luego se dio cuenta de que el río aquí estaba lleno de reptiles y ordenó a su tripulación que no se arriesgara. [19]

Ataque sorpresa español Editar

El 27 de abril, los españoles bajo el mando de Santiago, que seguían siguiendo a la expedición de Raleigh, decidieron sorprender a los ingleses cuando su retaguardia se separó después de conseguir agua fresca. Habiendo enviado las cuatro canoas, se acercaron sigilosamente a los ingleses, pero se perdió la sorpresa cuando quedaron atrapados en un estrecho canal en un recodo del río. [19] Los ingleses, aunque sorprendidos, se aprovecharon rápidamente y Gifford con sus barcos lanzó un ataque contra los españoles, que los dominaron. [4] Los españoles sufrieron varias bajas en comparación con los ingleses, que no sufrieron pérdidas, y el resto huyó al bosque. Gifford luego tomó los botes como premios. [20] Raleigh y el resto de los barcos, habiendo escuchado disparos y gritos, se acercaron y obligaron a las dos canoas españolas restantes a desaparecer de la vista. Raleigh envió una pequeña fuerza de hombres para perseguir a los españoles que también huyeron al bosque. Las tropas inglesas alcanzaron a tres indios que capturaron. Los indios, pensando que eran españoles, suplicaron por sus vidas, y uno del trío accedió a ser su guía. [4]

Santiago luego de esta derrota decidió darse por vencido y regresó a su base en la Isla de Margarita. [19] Las canoas españolas capturadas tenían alimentos y suministros muy necesarios que se utilizaron bien, pero también se encontraron herramientas para encontrar varios tipos de minerales. [21]

Río Caroni al monte Roraima Editar

Un día después, la expedición de Raleigh pronto se encontró con una gran confluencia del río. Este era el río Caroni. Aquí Raleigh se encontró con los indígenas amerindios primero, el pueblo warao y los pemones. Después de mostrar su victoria sobre los españoles al presentar una canoa española capturada, los ingleses establecieron con éxito relaciones pacíficas con ellos. [22] Se encontró una gran aldea, posiblemente cerca de la actual Ciudad Guayana, [23] gobernada por un anciano cacique llamado Topiawari - Raleigh se hizo amigo al anunciar que era enemigo de los españoles, que eran ampliamente detestados por los nativos. [24] Topiawari le contó a Raleigh sobre una rica cultura que vivía en las montañas, quien fácilmente se convenció a sí mismo de que la cultura era una rama de la rica cultura Inca del Perú y que debía ser la legendaria ciudad de Manoa. [25] Raleigh dejó a dos de sus hombres como rehenes y Raleigh tomó al hijo de Topiawari a cambio. [26] Con esta amistad se forjó una alianza con ellos contra los españoles. [22] Algunos de los barcos se quedaron en la aldea para reabastecerse para el viaje a casa mientras Raleigh y Kemys continuaban con el hijo de Topiawari como guía. Subieron por el río Caroní, enviando exploradores en busca de oro y minas, mientras hacían alianzas con los nativos que encontraban. Sus exploradores trajeron rocas, con la esperanza de que un análisis más detallado revelara el mineral de oro. [4]

A medida que avanzaban, Raleigh notó un cambio en el paisaje y describió un tepuy (montaña de la mesa). Vio y registró el más grande, el monte Roraima, [27] su área de cumbre de 31 km 2 [27]: 156 delimitados por todos lados por acantilados que se elevan 400 metros (1300 pies). Además, Raleigh observó alrededor de doce cascadas, pero notó la más grande "más alta que cualquier torre de una iglesia" que había visto; desembarcaron y caminaron a pie para ver más de cerca y describieron el área circundante como la más hermosa que había visto. [26] Podría haber una afirmación de que Raleigh pudo haber sido el primer europeo en ver Angel Falls, aunque estas afirmaciones se consideran inverosímiles. [28]

Para entonces, la expedición había viajado casi 400 millas (640 km) tierra adentro y había comenzado la temporada de lluvias. Raleigh decidió que había hecho lo suficiente y dio la orden de regresar. [8] Regresaron a la aldea de Topiawari, cuyo hijo accedió a regresar a Inglaterra con Raleigh, quien lo bautizó Gualtero. [29] Habiéndose unido a la otra tripulación que se fue allí, Raleigh partió de regreso a Trinidad pero en su camino se enteró de un cacique de una mina de oro cerca del Monte Iconuri y envió a Lawrence Keymis con un pequeño destacamento para investigar. Keymis se acercó al lugar, que en realidad estaba a unas pocas millas de Santo Tomás, observó una gran cascada (hoy Cataratas de Llovizna) y aunque no vio la mina, por la calidad de la roca de cuarzo que vio y conservó, garantizó que el lugar era de valor. [30]

Volver a Trinidad Editar

Raleigh regresó a San José y, sorprendentemente, aparte del ataque del cocodrilo, no había perdido hombres a causa de la enfermedad; de hecho, su tripulación estaba bastante sana, en parte debido a la dieta indígena nativa. [29] Al llegar al fuerte se tomó la decisión de regresar a Inglaterra pero antes de hacerlo se sacó todo lo de valor del lugar y se quemó hasta los cimientos a pesar de las protestas de Berrío. [5] Raleigh aterrizó en la isla de Margarita y saqueó con éxito en busca de suministros y luego desembarcó en el puerto de Cumaná, donde dejó a De Berrío en tierra después de que no pudo obtener un rescate. [30] Finalmente descendió sobre Riohacha, que también saqueó y saqueó. [4] [31]

On July 13, Raleigh finally met up with Preston and Somers and was told of their remarkable exploits in capturing Caracas, La Guaira, and Coro. Contrary winds forced them to abandon the idea of seeking the colony of Roanoke and all arrived in England by the end of August 1595. [30] [32]

Raleigh arrived in England but he was received with lackluster praise. Cecil was disappointed with the lack of booty and gold considering he had invested so much in the expedition. [31] A London Alderman had the rocks examined and considered them worthless even though they contained reliable assays of gold. He was accused by others that he had hidden the gold in remote regions in Devon and Cornwall. [30] With these claims Raleigh was infuriated and decided to then write and publish an overblown account of the expedition under the title of The Discovery of rich and beautiful empire of Guiana, a work that somewhat exaggerated the whole region. [33]

Despite this, the book became popular not just in England but France and the Netherlands. Raleigh sent Kemys back to Guyana the following year to check up on the hostages and to renew the alliance with the native Indians. He also needed to map the Orinoco, record the Amerindian tribes, and prepare geographical, geological, and botanical reports of the country. Kemys this time went much further inland along the banks of the Essequibo River and reached what he wrongly believed to be Lake Parime. He wrote about the coast of Guiana in detail in his Relation of the Second Voyage to Guiana after his return. [34]

De Berrío the same year also set out with a Spanish expedition of his own with 470 men under command of Domingo de Vera Ibargoyen to search for El Dorado. [35] As they advanced further inland however the Amerindians, now allied to England, attacked and destroyed Vera and Berrio's entire force losing 350 men. The rest tried to retreat but soon after disease and famine reduced the survivors to only a handful of men. [8]

After being released from prison by order of King James I in 1617, Raleigh returned to continue his quest for El Dorado on a second expedition but was to avoid any conflict with the Spanish. [34] Along with Kemys and his son, Watt Raleigh, they were to have another search for the supposed gold mine at Mount Iconuri. However, Raleigh by now ill stayed behind in a camp on the island of Trinidad. Kemys remounted the Orinoco river and Watt was killed in a battle with the Spaniards as they destroyed and sacked the Spanish settlement at Santo Tome de Guayana. No gold was found and Kemys, disheartened by this and feeling responsible for the death of Walter's son, subsequently committed suicide. [36]

In fact, Kemys had already informed Raleigh by letter of the unfolding disaster and the death of his son. He went to Raleigh's cabin to beg forgiveness, but found Raleigh unable to grant him this. In Raleigh's words "I told him that he had undone me by his obstinacy, and that I would not favour. in any sort his former follie". Kemys reportedly replied "I know then, Sir, what course to take," before returning to his own cabin. Kemys then committed suicide by shooting himself in the chest with a pistol, then when that did not prove immediately fatal, stabbing himself in the heart with a knife. [34] Upon Raleigh's return to England, King James ordered him to be beheaded for disobeying orders to avoid conflict with the Spanish. [37] He was executed in 1618. [ cita necesaria ]

In 1713, Spain and Great Britain signed the Treaty of Utrecht, whereby the British agreed to prevent their citizens from visiting Spanish colonies in Latin America without prior approval from colonial officials. With the aggressive stance adopted by the Indians towards the hated Spanish, the Spaniards never returned in force to the region. This allowed other European countries (France, Britain and the Dutch Republic) to establish colonies in the area over the next two centuries with the creations of Dutch Guyana, French Guiana, and British Guyana. [2] By the early 19th century, as more explorers came to the region, Lake Parime's existence was definitively disproved and there was a theory that the seasonal flooding of the Rupununi savannah may have been misidentified as such. [38]

The gold mine at El Callao (Venezuela), started in 1871 a few miles south of Orinoco River, was for a time one of the richest in the world, and the goldfields as a whole saw over a million ounces exported between 1860 and 1883. [ cita necesaria ] The immigrants who came to the gold mines in Venezuela were mostly from the British Isles and the British West Indies. [ cita necesaria ]

The Orinoco Mining Arc (OMA), [39] officially created on February 24, 2016 as the Arco Mining Orinoco National Strategic Development Zone, is an area rich in mineral resources that the Republic of Venezuela has been operating since 2017 [40] [41] it occupies mostly the north of the Bolivar state and to a lesser extent the northeast of the Amazonas state and part of the Delta Amacuro state. It has 7,000 tons of reserves of gold, copper, diamond, coltan, iron, bauxite, and other minerals.


California’s Wildfire Policy Totally Backfired. Native Communities Know How to Fix It.

When it came time to set fire to the hillside, Kitty Lynch paused. A 70 year-old retired waitress, Lynch’s job during the controlled burn of a 2,200 acre ranch in Humboldt County, California this June was to keep the fire in check by tamping down small, errant flames with a tool called a McLeod. Lynch had been attending lectures by Indigenous tribes in her region about prescribed fires, blazes lit intentionally to control dry brush and prevent unplanned burns, for over a decade. But she was the oldest person in this group of about fifty, and she worried she wouldn’t be able to keep up.

The effort was organized by the Humboldt County Prescribed Burn Association, a grassroots team of wildfire experts, local landowners and community members that hosts hands-on trainings on controlled burns as a method of natural disaster prevention. The Humboldt event united unlikely allies: Trump-supporting ranchers worked side-by-side with retired hippies and back-to-the landers logging workers hammed it up with the same Save the Redwoods League activists they battled in the region’s timber wars. Academics who studied prescribed burning watched their theory become practice.

Lynch’s worries were quickly put to rest. The organizers were “very welcoming, and [found] a place for everyone,” she told me on a recent call. Timed for a clear, sunny day with low wind and moderate humidity, the burn successfully cleared medusahead, an invasive grass, from 50 acres of the ranch. “I’m a firm believer in the results [prescribed fire] produces,” said Lynch, “and it’s wonderful to see the whole age spectrum of dedicated people in the community helping.”

Controlled burns like these are becoming more common across the West and especially in California, where uncontrolled blazes have forced the evacuation of over 300,000 people and scorched about 200,000 acres so far this year. As legislators and regulators grapple with how to prevent destructive wildfires and keep the state’s largest energy utility in check, scientists, land management groups, and advocates are pushing another method: fighting fire with fire.

The idea isn’t new. For countless generations, Indigenous people have worked with fire to maintain healthy landscapes that are less prone to massive wildfires. While allowing natural fires to burn, Native Americans in California and elsewhere started some intentionally to clear dry brush, maintain species balance, and create prairies and meadows where animals graze. In the early days of Western settlement, some ranchers also adopted this practice to maintain pastureland for cattle.

But in the 1880’s, the US Army began to administer Yellowstone, the first national park, and developed the idea of “fighting” fire. In 1910, wildfires in Idaho and Montana burned millions of acres, destroying communities and killing 86 people. The US Forest Service subsequently adopted a policy of putting out all blazes, which state and federal land management agencies mimicked in an effort to protect timber supplies and human lives. Under these policies, Indigenous people and ranchers alike could be fined for burning their own lands.

In 1968, the National Park Service lifted its fire ban after noticing a decline in giant sequoia trees, which depend on fire to grow. Over the next fifteen years, the Forest Service and the California Department of Forestry and Fire Protection (Cal Fire) gradually re-introduced fire to their landscapes. The Forest Service now admits that suppression backfired excluding fire created an unnatural build-up of dry brush and overcrowding of trees that’s partly fueling today’s mega-fires. Scientists and policy makers increasingly agree that under the right conditions, intentionally burning away flammable vegetation is one of the most effective tools for reducing wildfire risk. And research shows that when wildfires do reach lands thinned by prescribed fire, far fewer trees die “even under extreme fire weather,” an effect that can last for up to 15-20 years.

Yet we still have a long way to go. A recent analysis of government data titled “We’re Not Doing Enough Prescribed Fire in the Western United States to Mitigate Wildfire Risk,” written by University of Idaho fire scientist Crystal Kolden, found that between 1998 and 2018, the amount of prescribed burning in the Western US remained stable and even decreased in some areas. According to the Sacramento Bee, fewer than 90,000 acres of California were intentionally burned in 2018. Kolden roughly estimates that the state should be burning at least five times that amount.

“There is an urgency,” Kolden says. “We are seeing every single year now, highly destructive and sometimes fatal wildfires. A lot of the solutions,” like retrofitting buildings or restructuring communities, “take a lot of time and a lot of money. [But] prescribed fire is much cheaper. It ends up being this thing that we can do now, if we have the political willpower.”

Part of the problem is the slow process of obtaining the necessary permits to burn on public lands, which make up about half the state’s acreage. Jake Hannan, a Cal Fire battalion chief, told me that burns can take up to 18 months to plan. The process is much easier for private landowners, who can can burn without permits if Cal Fire approves of their experience and methods. Even during the driest months, local Air Quality districts can grant permits for the smoke that results from prescribed fire on private lands. That’s why burns like the one Lynch worked on are emerging as a solution to the West’s wildfire problem.

“We aren’t anywhere near bringing fire back at the scale we need to,” says Lenya Quinn-Davidson, a fire advisor with the University of California Cooperative Extension who helped lead that burn. “It’s important to push forward with a grassroots model that empowers people to do the work, instead of having bottlenecks with the agency that’s in charge.”

The Humboldt County Prescribed Burn Association, which Quinn-Davidson leads, was the first organization of its kind in the West when it started in 2018, and has already inspired similar groups to start up in northern California’s Plumas, Nevada, Sonoma, and Mendocino counties. These groups bring landowners and neighbors together to provide the manpower that controlled burns require. Quinn-Davidson says she’s hosted 25 lecture and field-based workshops in the past year to increase people’s comfort with prescribed fire, and in the past two years, she’s led 20 burns on private lands.

“We’re bringing fire back to the people, making it more cooperative and accessible,” she says. When it comes to burning on private lands in the West, “the roadblocks are less at the policy level and more at the experience level.”

In 2013, Quinn-Davidson hosted a controlled burning workshop with the Karuk tribe, which is largely based in Orleans, CA, about 70 miles south of Oregon. Controlled burns are integral to the identity of Karuk and their neighbors, the Yurok, who both live in the northern California mountains amidst millions of trees. Decades of fire exclusion upset a delicate balance that tribes helped maintain their forests have become monocultures dominated by conifers, instead of the colorful mix of oaks and other hardwoods that would flourish with regular burning. But as interest in prescribed fire grows, the Karuk’s expertise is being tapped to help agencies and individuals learn to work with fire, and to follow seasonal rhythms of when and where to burn.

In October, I attended a controlled burn training hosted by the Karuk in Orleans. More than 100 participants, including local landowners, renters, members of the Forest Service and Cal Fire, plus a fire unit from Spain, gathered for a two-week burn of 216 acres of Karuk ancestral lands that are now privately owned. Two days before I arrived for the training, the tribe had burned dozens of acres in a section of the forest they called the Bullpine Unit. Walking through the site, I noticed that nearly all trees survived, but the forest floor, where one might expect a tangle of brush and bramble, was virtually wiped clear, creating a feeling of spaciousness between the tall pines and firs. The area was dotted with thin plumes of smoke, rising from stumps that still smoldered.

At another burn site, a group dripped flames across a tree-covered hill. Others were patrolling the borders of the fire, while the “burn boss” spoke commands into a radio.

“These places are a lot happier when we’re here,” said Vikki Preston, a cultural resource technician with the Karuk Tribe who grew up observing burns and has participated in multiple trainings. “The trees are healthy when we’re tending to them, taking really good care of them.” After burns, Karuk schoolchildren take field trips into the forest to gather acorns and materials for basket-weaving, traditional activities made possible by clearing the forest floor.

Preston explained how they’d chosen the correct conditions for this burn. “We were coming off of it being rainy a couple weeks ago, so it had dried out enough that you could tell [the brush and leaf litter] would burn off. But it was moist enough that we’re not threatened by a wildfire imminently.”

Yet not everyone is convinced that controlled burns are scaleable. Terry Warlick, a fire battalion chief with the US Forest Service who works in the Mendocino National Forest and attended the Karuk training, was enthusiastic about the “historical fire regime” modeled by tribes. But, he says not all communities will be.

“They don’t like the smoke, they don’t want to see it—until they have to experience a wildfire,” he told me, as volunteers followed the shin-high flames creeping across the hillside. “It kind of seems like we got to go through, you know, an evento to change our thought process.”

“People are scared of any fire application,” says Hannan, the Cal Fire chief. “All they’ve known is these huge fires that burn down houses and sometimes kill people.”

He was referring to recent infernos like the Camp and Carr Fires, but prescribed fires occasionally wreak havoc, too. A controlled burn’s “escape” started the 2000 Cerro Grande Fire in New Mexico, which scorched 47,000 acres and left 400 families homeless. Such incidents can be almost completely prevented, says Preston, by fire crews that have intimate knowledge of the lands they are burning, and follow specific techniques.

After starting a burn, experts from her tribe work with local agencies to monitor it. “All day they’re taking data,” she says, to glean a solid projection of where the fire is headed. When a fire has lingered for too long, or threatens to move past the fire line, crews can spray water or use tools to tamp it down. But under the right conditions—low wind, high humidity—it usually flickers out on its own.

Cal Fire is slowly increasing its prescribed fire targets. By the end of this fiscal year, they intend to burn 25,000 acres, while the Forest Service in California burned 43,000 acres over the past fiscal year. Independent training exercises like the Karuk’s burned about 14,000 acres nationwide in 2018, and over 125,000 in the past decade.

Preston and other Karuk tribal members, in line with scientific consensus, believe there should be more prescribed fire throughout the year. The tribe’s plans for this year’s training burns were limited by a “burn ban” imposed all summer and reinstated this fall due to high winds and low humidity across most of California, the same conditions that prompted the utility company Pacific Gas & Electric to shut off power lines across the state, leaving millions without electricity. Yet Preston and others say the conditions in the mountainous region of Orleans were ideal for burning.

“We should be basing these [burn ban] decisions on local factors and not socio-political factors,” says Bill Tripp, a deputy director in the Karuk Tribe’s Department of Natural Resources, implying that burn bans may be intended to limit liability for utilities like PG&E, or to avoid the negative optics of a planned burn while wildfires wreak havoc elsewhere. “The Forest Service and the local [Cal Fire] unit were with us in saying ‘we know this timing is right,’ but the decision is being made in Sacramento,” where Cal Fire is headquartered. The October moratorium prevented the Karuk from burning about 100 of their 300 intended acres.

“We’re not getting to scale,” says Tripp, who would like to see tens of thousands of acres in the tribe’s region burned. “We’ve got people on hand who are ready and qualified, it’s right on our homelands, and we’ve been doing this for millennia. But as long as we’re relying on someone else to make the decision of when to act, I don’t think we’re gonna get there.”

Some Karuk leaders worry about their burn methods being “co-opted” by groups like the Forest Service, who historically infringed on their ceremonies and stewardship of the land. A 2014 report on ecological sovereignty from the tribe argued that “while non-Tribal agencies have attempted to gain access to Karuk knowledge, a far more effective and appropriate action these agencies can take is to remove the barriers their policies put into place”—in other words, stand aside and let knowledgeable tribes burn.

A spokesperson for Cal Fire says that the statewide agency is not considering any changes to the way it implements bans, though some areas may be granted exemptions, and the permitting process for landowners who want to burn is currently being streamlined.

Yet without the support and education of non-Native communities, loosening state regulations on burning may not do much. “We need strong leadership from the community itself, not coming from the government or Cal Fire, to make the burns successful,” Chief Hannan told me. “The more events that occur in nearby communities, where fires aren’t going out of control, the more accepting people will be.”

In her work training people to safely adopt prescribed burning, Quinn-Davidson finds inspiration in the Karuk approach to fire. “We should be striving for the level of connection and personal reflection that Indigenous cultures have with their landscapes,” she said, describing a holistic mindset that non-Natives may need to learn from to care for lands more sustainably. “We’re in an era when we need to find a meaningful place for everyone to work on this, every kind of community member.” Even a self-proclaimed “inexperienced novice” like Kitty Lynch.

Looking for news you can trust?

Subscribe to the Mother Jones Daily to have our top stories delivered directly to your inbox.


Percy Fawcett and the search for the ‘Lost City Of Z’

In April 1925, veteran English explorer Lieutenant Colonel Percy Fawcett hacked his way into the near-impenetrable jungle of Mato Grosso, deep in the sweaty unmapped mess of the Amazon, accompanied by his son Jack and young Raleigh Rimmell. Armed with custom-made machetes, rifles and a ukulele, the intrepid trio hoped to discover a long-lost city that Fawcett was convinced lay deep in the wilderness, beyond the Brazilian Pale: an Atlantis of the jungle, the shell of an ancient and highly developed civilization.

It was Fawcett’s eighth foray into the ferociously fecund forest. His 58-year-old body had thus far withstood everything the Amazon had thrown at him, including encounters with anacondas, vampire bats and piranhas, infestation by flesh-eating maggots, relentless clouds of blood-sucking mosquitoes, poison-arrow attacks by tribespeople and weeks-long periods of near-starvation. But this was his last chance. Y lo sabía.

One last time he would follow the jealously guarded handful of hints, hunches and half-clues he’d amassed during a colourful career, to risk life and loved ones on a quixotic quest for the elusive citadel he referred to only as ‘Z’.

Who were the main players?

PERCY HARRISON FAWCETT

Fawcett was a polarising character, either revered or reviled by those who followed him into hell, both in the Amazon and in Flanders. A recipient of the RGS Founders Medal, Fawcett is often called Colonel, but his correct rank was actually Lieutenant Colonel.

JACK FAWCETT

The eldest son of Fawcett and his long-suffering wife Nina, Jack was cut from the same cloth as his father, taking a very serious approach to the business of discovery, forgoing meat and alcohol and maintaining good physical fitness. He’d just turned 22 when they disappeared.

RALEIGH RIMMELL

Son of a doctor in the sleepy seaside town of Seaton, Devon, Rimmell was more flamboyant and emotional than his best friend Jack. He almost bailed from the expedition before it started, after falling madly in love with a girl aboard the boat taking them from New York to Rio.

NINA FAWCETT

Percy’s wife remained a staunch defender of his expeditions (and later his reputation), despite various forced moves around England and the US and extended periods on the brink of destitution. She remained convinced her husband and son were alive for many years after their disappearance.

A ‘classic gentleman explorer’

Schooled as a classic gentleman explorer by the Royal Geographical Society (RGS) in London, former military man Fawcett briefly worked as a spy in Morocco before accepting his first Amazon assignment in 1906: to survey the vague and violent border between Bolivia and Brazil. Despite atrocious conditions and ever-present mortal danger, he completed his mission in a year (half the expected time).

During the following two decades he survived six equally horror-ridden expeditions into the Amazon – tracing the Rio Verde to its source, exploring the Peruvian borderland and making contact with numerous tribes – and three years active service on the Western Front during the worst of World War I.

While his expedition partners – who variously included experienced outdoorsmen such as polar explorer James Murray, and tough guys like towering Australian boxer Lewis Brown – withered in the woeful conditions, Fawcett powered on, seemingly immune to the myriad ailments that beset the body in the Amazon.

The dogs and pack animals he took with him invariably died, as did several of his human colleagues, but he never sugarcoated the dangers. Party members who couldn’t keep pace would be abandoned, he explained, before the rest of the expedition was put at risk.

Although often accused of lacking empathy for companions, Fawcett demonstrated a level of compassion, understanding and respect for the Amazon’s indigenous peoples that was well ahead of his time. He attempted to learn local languages and risked his life numerous times to avoid bloodshed.

After his initial achievements as an extreme surveyor, Fawcett’s post-war, anthropologically orientated expeditions were less successful, and by the time he returned from an ill-advised solo attempt to find Z in 1921, he was bankrupt, struggling even to pay the £3 RGS annual membership fee.

His endeavours hadn’t earned him money, but they had won the respect of fellow explorers and those who live vicariously through them. Arthur Conan Doyle was inspired to write El mundo perdido after reading Fawcett’s field notes detailing his Amazonian exploits, and adventure writer H Rider Haggard was a personal friend.

Colonel T E Lawrence (Lawrence of Arabia) even asked to join his next expedition. Wary of what Lawrence would cost, however, doubtful about the desert man’s adaptability to jungle exploration, and possibly concerned that the celebrity of such a companion would eclipse his own role in any discoveries made, Fawcett preferred the thought of taking his eldest son on a mission that would make a man of him.

Jack jumped at the chance to accompany his father on one of the adventures he’d heard so much about, so long as his best mate Raleigh Rimmell came too. Here were two strapping lads, “both strong as horses and keen as mustard” as Fawcett enthused, whose services were essentially free – their only fee a share of the spoils should they actually discover a city of gold at the end of the rainforest. But, even with such budget-friendly companions, the expedition needed backers, and the RGS was reluctant to splash the cash.

Savvy media man George Lynch came to the rescue, garnering sponsorship through an American press consortium by promising updates would be provided to their papers (including the New York World y Los Angeles Times) via a system of ‘Indian’ runners relaying reports from the explorers as they advanced through the jungle.

People were used to farewelling major expeditions and then hearing nothing for years, but this quest would be broadcast to the world in near-live fashion, and it generated much excitement. Fawcett’s eccentricity and colourful history, combined with his young companions’ Hollywood looks, made them perfect reality media stars, and the public was seduced by this modern search for El Dorado.

The Lost City of Z: in numbers

100 Estimated number of people who died looking for Fawcett after his disappearance.

20,000 The number of applicants to a newspaper ad seeking volunteers to join a rescue expedition into the jungle to look for Fawcett

Cities of gold

Explorers and treasure hunters had been searching South America for El Dorado for centuries. From their earliest rapacious advances into the New World, Iberian conquistadors had removed hoards of gold from Mexico and the southern continent, but their thirst was insatiable and they continued to salivate over a mythical metropolis so rich the king was ritually covered in suits of powdered gold (El Dorado means ‘gilded man’).

Más tarde, bandeirantes (Portuguese-Brazilian fortune hunters) continued the search, followed by modern explorers of Fawcett’s ilk – the real-life inspiration for popular fictional figures including Indiana Jones. And not all of these escapades were fruitless. In 1911, American academic and explorer Hiram Bingham captured the world’s attention with his sensational rediscovery (aided by locals) of the lost Inca citadel of Machu Picchu, high in the Peruvian Andes. There was no gold, but it was an archeological treasure trove that electrified interest in the region’s people and past.

Fawcett’s theories about an ancient settlement hidden in the Brazilian Amazon formed over years, as he chanced upon unexplainable pottery shards in the darkest depths of the jungle and gained an appreciation of the complexity and size of the indigenous cultures he encountered.

While scouring forgotten documents in the recesses of Rio de Janeiro’s National Library, he discovered a manuscript written by a bandeirante – possibly João da Silva Guimarães – describing the ruins of a once-great city, which the author had found in 1753. This tattered piece of paper stoked his lethal obsession and ultimately sealed his fate.

Percy Fawcett’s search: a timeline

Fawcett believed other Amazonian citadel seekers were looking in the wrong places – too close to major rivers – and instead planned to explore inland between the Xingu and Tapajós tributaries, where he was convinced Z lay. Many tribes that had tasted contact with the so-called civilised world were profoundly opposed to repeating the experience – having suffered slavery, torture, murder, rape, abuse and exploitation at the hands of the rubber barons who controlled the ‘black gold’ trade – and often met white intruders with lethal violence.

1 DECEMBER 1924 England – Rio de Janeiro

Percy and Jack Fawcett leave from Liverpool on 3 December, bound for New York aboard the Aquitania. Raleigh Rimmell is in America already, as is Fawcett’s business partner, Lynch, who is busy boozing through the expedition kitty. After a brief NYC stop they continue together (minus Lynch) to Rio de Janeiro.

2 FEBRUARY 1925 Rio de Janeiro – Corumbá

Travelling by train, the Fawcetts and Rimmell leave Rio on 11 February. They first visit São Paulo for anti-venom supplies, before going west, into the enormous country’s interior towards the Paraguay River, skirting along the Brazil-Bolivia border and arriving in Corumbá a week later.

4 APRIL 1925 Cuiabá – Rio Novo

Having waited out the end of the wet season, the expedition begins in earnest on 20 April, with the party trekking across the hot cerrado. After an incident in which Fawcett senior becomes separated from the party while looking for rock art, he allows a pit stop at a remote Rio Novo ranch, home to Hermenegildo Galvão.

5 MAY 1925, Bakairi Post

After a tough month of travel through rough terrain, the party reaches the very last outpost on the edge of the virgin Amazon jungle, a tiny government garrison.

6 29 MAY Dead Horse Camp

Setting off from Bakairi Post on 20 May, it takes the party nine days to reach the spot where Fawcett was forced to turn around on a previous expedition. The bleached bare bones of his old horse still mark the spot. From here, the native guides return to Cuiabá with written dispatches for publication and letters for the explorers’ families, while Percy and Jack Fawcett and Raleigh Rimmell press on, into the hostile territories of the Kayapo, Suyá and Xavante people. They are never seen again.

Off the chart

Sailing from England to America with Jack in late 1924, Fawcett exuded confidence, yet inwardly he was wracked by paranoia. What if his rivals beat him to Z? The rich American explorer Dr Alexander Hamilton Rice, with a light aircraft at his disposal, and the native Brazilian Cândido Mariano da Silva Rondon, who worked for government and had guided Theodore Roosevelt along the Amazonian River of Doubt, both had ambitions in the area. To muddy his tracks and conceal clues, the cagey colonel concocted a code for writing down grid references and kept his exact route top secret.

The Fawcetts met Rimmell in New York, where they discovered Lynch had blown a fifth of their expedition fund on illegal booze and prostitutes in the Waldorf-Astoria hotel. Fortunately, millionaire oil magnet JD Rockefeller Jr had read about their quest, and replenished the kitty. Lynch was dispatched to London in disgrace, and the explorers continued by boat to Rio de Janeiro.

By February 1925, the party was in São Paulo, visiting a snakefarm to pick up a load of anti-venom serum. From here they travelled by train, heading west towards the Paraguay River along the Brazil-Bolivia border, to Corumbá. Aboard the Iguatemi, the party then cruised the Paraguay, São Lourenço and Cuiabá rivers to reach the outpost of Cuiabá, which Rimmell described as a “God forsaken hole… best seen with eyes closed”. Here, they bought provisions and pack animals, and impatiently waited for the dry season.

When Fawcett judged the time was right, they set off. Several native guides acted as porters for the first, easiest section of the expedition, before returning to Cuiabá with the promised dispatches for the newspapers.

Jack Fawcett and Rimmell’s first taste of the jungle was crossing the cerrado, dry and comparatively easy terrain, but it brought home how tough the trip was going to be. Fawcett senior drove them through savage heat at an unforgiving pace, covering up to 15 miles a day, and the young men had a brutal introduction to the Amazon’s insects.

Rimmell’s foot became infected from bites, he rapidly lost weight and his ardour for the adventure began cooling. Jack, however, demonstrated a similar constitution to his father, almost reveling in the adversity.

By the banks of the Manso River, Fawcett forged ahead and the party was separated overnight, leaving the boys fearful that their leader had been captured or killed by Kayapo Indians. They were reunited the next morning, however, and Fawcett subsequently consented to several days rest at the super-remote Rio Novo ranch of Hermenegildo Galvão, an infamously brutal cattle farmer who lived deep in the forest.

A month after leaving Cuiabá, they reached Bakairi Post, a tiny government garrison on the very edge of the known map. Here, the excited younger men met their first true tribespeople, even engaging in a singing session with them using a ukulele they’d brought along.

On 20 May, the day after Jack turned 22, the men left the last hint of civilization. Nine grueling days later, they reached Dead Horse Camp, where Fawcett had been forced to shoot his ailing pack animal and retreat on a previous expedition. From here they entered utterly unexplored territory, heading towards the River of Death. This region was home to tribes such as the Kayapo, Suyá and Xavante, who harboured a violent hatred of intruding white men after their murderous mistreatment at the hands of rubber barons and soldiers, and the suffering they’d endured as epidemics of disease devastated their societies following first contact.

The guides would go no further, and they began heading back to Cuiabá with expedition reports and letters for loved ones. Percy Fawcett wrote to his wife, and Jack’s mother, Nina: “You need have no fear of failure.” The three men were never seen again.

WHAT HAPPENED NEXT?

In the 90 years since they disappeared, dozens of expeditions have ventured into the jungle attempting to discover the fate of the Fawcetts and Rimmell. Many went missing themselves. Various gory stories and far-fetched survival yarns have emerged, including claims that the explorers found Z and disappeared through a portal into another dimension. In life, Fawcett experimented with mysticism, and in absentia he has acquired a cult-like following. Years after they vanished, an indigenous fair-skinned boy was presented and paraded as Jack’s son, before Nina pointed out he was simply an albino. In all probability, the men were killed by a hostile tribe or simply succumbed to one of the Amazon’s innumerable dangers. In an ironic twist, though, it now appears that Fawcett had already found his lost city without realising it. Unearthed by anthropologist Michael Heckenberger, Kuhikugu is a sprawling archaeological site in remote Mato Grosso, near the Xingu River, which evidence (including the pottery Fawcett puzzled over) suggests once played home to an enormous and sophisticated civilisation. It’s no Machu Picchu–style citadel, but around 50,000 people lived here, before the arrival of Europeans heralded a disease apocalypse.

The Lost City of Z by David Grann is a lively read detailing the backstory to the 1925 expedition, and subsequent attempts to locate the explorers. There’s also a film version of David Grann’s The Lost City of Z, starring Charlie Hunnam, Sienna Miller and Tom Holland.

Pat Kinsella specialises in adventure journalism as a writer, photographer and editor.


The Girl with No Name: The Incredible Story of a Child Raised by Monkeys

A four-year-old girl was abducted from her home in a remote mountain village and abandoned in the Colombian jungle in 1954. It was a miracle that Marina Chapman survived and two days after she woke up drugged, terrified, and starving, she stumbled on a troop of capuchin monkeys. To survive, she acted on instinct and did what the monkeys did, learning to fend for herself.

She spent the next five years with the troop, becoming feral, losing the ability to speak, losing all inhibition, and losing any real sense of being human. She was discovered by two hunters when she was ten and brought to the lawless Colombian city of Cucuta where they sold her to a brothel in exchange for a parrot.


Ver el vídeo: Geheimnisvolle Dinge, die im Dschungel gefunden wurden! (Octubre 2021).