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Tejedores de telares manuales (actividad en el aula)

Tejedores de telares manuales (actividad en el aula)

En 1775, Samuel Crompton inventó una nueva máquina: una mula giratoria. Se llamó porque era un híbrido que combinaba características de dos inventos anteriores, el Spinning Jenny y el Water Frame. La mula producía un hilo fuerte, fino y suave que podía usarse en todo tipo de textiles, pero era particularmente adecuado para la producción de muselinas. Crompton era demasiado pobre para solicitar una patente, por lo que vendió los derechos a un fabricante de Bolton.

Los tejedores de telares manuales ahora tenían garantizado un suministro constante de hilo, pleno empleo y salarios altos. Este período de prosperidad no duró mucho. En 1785, Edmund Cartwright, el hermano menor del Mayor John Cartwright, inventó una máquina de tejer que podía ser operada por caballos o una rueda hidráulica. Cartwright comenzó a usar telares eléctricos en un molino que era de su propiedad en Manchester. Un niño inexperto podía tejer tres piezas y media de material en un telar mecánico, mientras que un tejedor experto, utilizando métodos tradicionales, tejía solo una.

La introducción del telar mecánico redujo la demanda de telas producidas por tejedores manuales. Aquellos que todavía encontraron maestros dispuestos a emplearlos, tuvieron que aceptar salarios mucho más bajos que en el pasado. En 1807, más de 130.000 firmaron una petición a favor de un salario mínimo. El salario medio de un tejedor cayó de 21 chelines en 1802 a 14 chelines en 1809.

Un tejedor ya no puede satisfacer los deseos de una familia. El resto de la sociedad nos rechaza y nos tildan de pícaros porque no podemos pagar nuestro camino. Si solicitamos al tendero, sastre, zapatero o cualquier otro comerciante un pequeño crédito, se nos dice que no somos dignos de él y que confiar en nosotros sería peligroso.

Año

Tejido por pieza

1815

3s 0d.

1820

2s.0d.

1825

1s.8d.

1830

1s.4d.

Es verdaderamente lamentable contemplar a tantos miles de hombres que antes ganaban de 20 a 30 chelines por semana, ahora obligados a vivir con 5, 4 o incluso menos. Es más doloroso contemplar a estos hombres en su estado, ya que aún conservan el carácter franco y audaz formado en los días de su independencia.

Uno de los hombres me llamó especialmente la atención; era el esqueleto viviente de un gigante. Me dijo que había sido tejedor y que en tiempos de prosperidad ganaba de treinta a cuarenta chelines a la semana; tenía esposa y cuatro hijos y los había mantenido durante mucho tiempo en la decencia y la comodidad; el trabajo comenzó a aflojarse. Sacó el fondo que había depositado en la caja de ahorros; pronto se agotó y el trabajo fue más flojo que nunca. Comenzó a vender sus muebles. Antes de la última Navidad, todo había desaparecido, incluida la ropa de domingo de él, su esposa y sus hijos. Desde entonces había estado diecisiete semanas sin trabajo de ningún tipo. Cuando le ofrecí un chelín, se negó a recibirlo hasta que le di mi nombre y dirección, para que pudiera devolverlo.

La gran mayoría de los tejedores de algodón en telar manual trabajan en sótanos ... La razón por la que se eligen los sótanos es que el algodón debe tejerse en húmedo. El aire, por lo tanto, debe ser fresco y húmedo, en lugar de cálido y seco ... Los he visto trabajando en sótanos inundados de lluvia ... El telar mecánico en una fábrica ... no solo tiene el ejercicio de caminar hacia y de la fábrica, pero, cuando está allí, vive y respira en un gran apartamento, en el que el aire cambia constantemente.

En tiempos normales, cientos de telares estarían ocupados trabajando en Bramley. El chasquido de la lanzadera y el trazo regular y constante del rayo de la tejedora se oían de un extremo a otro de Bramley. Pero ahora podías caminar a lo largo del pueblo y no escuchar más de dos o tres telares en movimiento ... Las calles y casas silenciosas contaban su propia historia, y las miradas abatidas y demacradas de los hombres, mientras estaban en grupos en cada esquina, lo confirmó.

Preguntas para estudiantes

Pregunta 1: ¿Por qué las calles de Bramley estaban en silencio en la década de 1820?

Pregunta 2: Fuentes de estudio 2, 3, 5 y 8. ¿Estas fuentes brindan información sobre cambios locales o nacionales?

Pregunta 3: Seleccione información de las fuentes en esta unidad que sugiera que los ingresos del telar manual cayeron en la primera mitad del siglo XIX.

Pregunta 4: No todo el mundo tenía la misma visión del sistema fabril. Describa las diferentes opiniones expresadas en las fuentes 6 y 7.

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Puede encontrar un comentario sobre estas preguntas aquí.


La Asociación de Mineros & # 8217 & amp Los tejedores de telares manuales

De Socialismo internacional (1a serie), No 40, octubre / noviembre de 1969, p. 42.
Transcrito y marcado por Einde O & # 8217Callaghan para ETOL.

La Asociación de Mineros & # 8217
Raymond Challinor y Brian Ripley
Lawrence y Wishart, 42 años

Los tejedores de telares manuales
Duncan Bythell
Prensa de la Universidad de Cambridge

Ese & # 8216 grupo muy unido de hombres con motivaciones políticas & # 8217 que causa todos los conflictos industriales de hoy # 8217 ha existido durante mucho tiempo. Los políticos, los propietarios de carbón y las clases altas de 1842 realmente creían que la Asociación de Mineros se formó porque la agitación del cartismo trajo a la superficie de la sociedad una gran cantidad de escoria que generalmente se pudre en la oscuridad debajo. Esta escoria, derrotada en sus objetivos políticos en 1842, se impuso a los mineros crédulos, que buscaban tanto ganarse la vida a costa de ellos como embaucadores por sus & # 8216nociones malignas & # 8217.

Esta venenosa distorsión fue hecha fácilmente por las clases altas que tenían ante sus ojos la evidencia de las conexiones muy reales entre este primer gran sindicato nacional y el cartismo. La mayor importancia del libro de Challinor y Ripley es que desafía la noción aceptada de que la & # 8216General Strike & # 8217 de 1842 creó un abismo de antagonismo entre activistas políticos e industriales. Los historiadores se han centrado hasta hace poco en los Sindicatos del Nuevo Modelo creados por los trabajadores calificados, y tendían a ignorar a los "perdedores" no calificados hasta que resurgieron como una fuerza organizada en la década de 1880. Sin embargo, la corta carrera de la Asociación de Mineros & # 8217 permite a los autores argumentar de manera convincente que después de 1842 el cartismo y el sindicalismo no eran fuerzas rivales sino complementarias.

En el caso de la Asociación de Mineros & # 8217, la conexión es clara desde el principio. Los conferenciantes (organizadores) de tiempo completo siempre incluyeron una gran proporción cuya experiencia provenía de sus actividades de organización y disertación en las ramas cartistas. Y, por supuesto, estaba W.P. Roberts, quien, como abogado de los mineros, se identificó completamente con la clase trabajadora y luchó en todos los casos, sin importar cuán desesperados fueran, exponiendo el sesgo de clase de la ley pero con su habilidad para derrotarla en un caso tras otro. La Asociación de Mineros & # 8217 es el sindicato más estrechamente relacionado con el cartismo, mediante un proceso bidireccional en el que los cartistas derrotados de 1842 se volvieron más favorables y útiles para el sindicalismo, y los mineros que emergían de su ignorancia y brutalidad autosuficientes asumieron la La conexión entre la política y los salarios más altos es evidente. Sin embargo, la claridad de la conexión particular cartista-sindical en la Asociación de Mineros no prueba completamente el caso general de los autores, y existe una necesidad real de más estudios tan buenos como este. Los tejedores de telares manuales de Duncan Bythell & # 8217 eran reales & # 8216losers & # 8217. En 1770 había sólo unos pocos de ellos en la incipiente industria del algodón, en la década de 1820 probablemente un cuarto de millón, pero en 1850 el comercio había desaparecido casi por completo. El industrialismo los creó y su progreso los dejó a un lado.

El libro de Bythell aclara & # 8217 otros mitos & # 8211 que no eran & # 8217t hábiles, no eran & # 8217t irlandeses y sus dificultades no se debían únicamente a la mecanización. Tampoco podrían haber sido la columna vertebral del cartismo, como muchos (incluido Engels) han creído. Su confinamiento geográfico y su rápido declive en número en la década de 1830, aseguró que su papel en un gran movimiento nacional fuera bastante restringido. Como muchos otros grupos, su actividad política tendió a seguir el ciclo comercial, pero en una escala decreciente, de modo que para el resurgimiento cartista de 1848 difícilmente podrían haber estado representados.

Aunque este libro es útil por los hechos que produce, las opiniones del autor & # 8217 & # 8216optimistic & # 8217 de la Revolución Industrial disminuyen su valor. Debido a que la mayoría de las personas sufrieron en la pobreza, debido a que otros trabajos (en las odiadas fábricas) estaban disponibles para muchos, Bythel minimiza el sufrimiento que los contemporáneos, incluido el tejedor de telares manuales, pueden atestiguar. Y argumentar que los hombres públicos hicieron todo lo posible & # 8216 con la maquinaria administrativa a mano y con el marco de ideas imperante & # 8217 es abandonar la historia por la apologética.


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Tejedores de telares manuales (actividad en el aula) - Historia

La década de 1820 a menudo se considera una década de poca actividad radical, pero fue durante estos años cuando Gran Bretaña se convirtió en una sociedad manufacturera. Independientemente de que las fábricas y las empresas fueran de pequeña o gran escala, si los aumentos en la productividad se lograron aumentando la fuerza laboral o utilizando tecnología de maquinaria, si el crecimiento se logró utilizando mano de obra calificada o no calificada o en entornos urbanos o rurales, la sociedad británica estaba cada vez más e irrevocablemente fabricando en su énfasis. La estabilidad relativa y las certidumbres percibidas durante mucho tiempo de la Gran Bretaña preindustrial fueron reemplazadas por la vitalidad, las incertidumbres y las tensiones de clase de una economía de libre mercado y una sociedad en proceso de modernización.

La economía revivió a principios de la década de 1820 y hubo un declive en la actividad política radical, algo que refuerza el vínculo entre las malas condiciones económicas y la acción radical concertada. Pero el radicalismo popular siempre significó más que exigir la inclusión en el sistema político y abrazó una variedad de causas de creencias. Algunos radicales se centraron en la construcción de instituciones cooperativas como sindicatos, sociedades amigas, sociedades de ayuda mutua e institutos de mecánica. Otros buscaron una mayor igualdad religiosa para los inconformistas y establecer un sistema de educación secular. Muchos inconformistas también fueron radicales en su política porque objetaron que ser miembro de la Iglesia de Inglaterra establecida les otorgaba a los individuos importantes privilegios legales que se les negaban a los inconformistas. Las cuestiones religiosas podían despertar pasiones más profundas que la política y la cuestión religiosa, como la llamaban los contemporáneos, fue una cuestión política clave durante la mayor parte del siglo.

Algunos trabajadores se volvieron a la religión & # 8211 hubo avivamientos particularmente en el norte y suroeste. Hubo, por ejemplo, un resurgimiento metodista primitivo entre los mineros de plomo en Weardale y más generalmente en todo el noreste en 1822 y 1823. [1] El avivamiento en la década de 1820 se produjo principalmente en áreas con una población rural significativa. El metodismo primitivo era en gran parte de carácter rural y, con la excepción del noreste y las alfarerías, su principal fortaleza estaba en los condados principalmente agrícolas de Inglaterra. No fue hasta después de 1850 que su atractivo para el trabajador urbano se hizo evidente. El metodismo primitivo era el medio a través del cual los trabajadores agrícolas podían luchar por el reconocimiento social y económico y sus capillas proporcionaban a los trabajadores rurales un símbolo de independencia y desafío al orden social establecido.

Mientras que el metodismo primitivo representaba una teología radical, el metodismo wesleyano era cada vez más estridente en su apoyo al orden social existente y, bajo la influencia de Jabez Bunting, un gran número de personas fueron expulsadas por actividades radicales. El crecimiento en los distritos manufactureros del norte se detuvo e incluso entró en declive temporal en 1819 y 1820 y en Rochdale hubo una disminución del quince por ciento en la membresía entre 1818 y 1820. [2] Aunque Bunting y sus seguidores reconocieron el valor del avivamiento y lo alentaron siempre que no interrumpiera la vida del circuito regular y pudiera ser manejado idealmente, desaprobaron algunos de sus métodos, especialmente despotricar y disociarse del emocionalismo del metodismo primitivo. [ 3] Esto, y la política de John Wesley antes de su muerte en 1791, que fue continuada por sus sucesores de concentrarse en la evangelización de áreas urbanas donde la Iglesia de Inglaterra estaba fallando en sus funciones, significó que los vínculos entre el metodismo y el radicalismo urbano se estaban debilitando, aunque el grado de que esto ocurrió varió de una localidad a otra. Esta visión del metodismo, similar a la crítica vociferante de EP Thompson del movimiento como un instrumento de control social, ignora las batallas internas de la década de 1790 y los primeros años del siglo XIX en las ciudades industriales sobre la participación laica en el gobierno de la iglesia, el control de las escuelas dominicales y el grado de control denominacional sobre las actividades políticas de sus miembros. En la década de 1820, su naturaleza de movimiento popular significaba que aún podía socavar el orden establecido de la Iglesia y el Estado, incluso si, para 1850, su papel como una fe nacional alternativa se había evaporado. [4]

La década de 1820 también representó una década crítica para los trabajadores de las industrias textiles, ya que vio una intensificación de la desaparición del tejido en telar manual. La introducción del hilado motorizado en gran parte en las fábricas de hilado a partir de la década de 1780 dio como resultado una creciente producción de hilo que tuvo que ser tejido en telares manuales por tejedores cuyo número en Gran Bretaña alcanzó un pico de aproximadamente 240,000 trabajadores en 1820. Durante varias generaciones, los tejedores de telares manuales habían disfrutado de una alta precios, un nivel de vida relativamente bueno y se beneficiaron de la creciente demanda de los productos de sus telares. También defendieron su sustento con, por ejemplo, 130.000 personas que firmaron una petición en 1807 pidiendo un salario mínimo y, al año siguiente, unas 15.000 asistieron a una manifestación en Manchester. El desarrollo de un telar mecánico confiable por Richard Roberts, un ingeniero de Manchester, en 1822 —también perfeccionó una mula autoactiva totalmente mecanizada para hilar entre 1825 y 1830— llevó a la rápida adopción del tejido motorizado. Edward Baines estimó que había 2.400 telares mecánicos en las fábricas británicas en 1813, 14.150 en 1820, pero más de 115.000 en 1835. Este cambio colocó el tejido en telar manual bajo una presión creciente, su rentabilidad cayó y el número de tejedores manuales en Lancashire cayó de entre 150.000 a 190.000 en 1821 a aproximadamente 30.000 en 1861.

El declive en el tejido en telar manual fue desigual con algunos molineros que usaban maquinaria y trabajo manual, mientras que algunos tejedores usaban calidades más finas de algodón, que los primeros telares mecánicos no podían tejer, o se convertían en seda que permanecía en gran parte sin mecanizar. Aun así, el tejido en telar manual estaba en declive terminal y, dado que muchos hijos de tejedores de telar manual no seguían a sus padres en el oficio, se caracterizaba cada vez más por una mano de obra envejecida. [5] A finales de la década de 1820, los recortes progresivos de los salarios dejaron a muchas familias de telares manuales con serios problemas económicos. Los tejedores de telares manuales que se trasladan a áreas urbanas podrían mitigar esto mediante el despliegue de mujeres o niños en el mercado laboral de la fábrica, mientras que los tejedores que permanecieron en las áreas rurales podrían aprovechar las oportunidades de ingresos adicionales que brinda la agricultura y la minería. No obstante, para 1830 ambos grupos de tejedores se encontraron en una pobreza estructural endémica, incapaces de generar ingresos suficientes para cubrir los costos básicos y dependientes en gran medida de la ayuda a los pobres.

La idea de un salario mínimo aplicado por el gobierno para dar a los tejedores de telares manuales un grado de seguridad todavía estaba siendo sugerida y no solo por los tejedores. Algunas de las empresas de "producción" más respetables, que se enfrentaban a la competencia de las empresas de tejidos mecánicos que las rebajaban pagando bajos salarios a sus trabajadores no calificados, vieron los beneficios de tal esquema. En septiembre de 1819, un mes después de la masacre de Peterloo, 35 productores de calicó apoyaron el pedido de un salario mínimo para los tejedores y hasta 1822, varios fabricantes se reunieron en Rossendale para exigir restricciones sobre el uso de telares mecánicos. El Comité de Tejedores de Manchester se unió a la protesta, afirmando:

Los males de multiplicar los telares de poder, al arruinar primero a medio millón de personas que dependen del tejido manual (presumiblemente se refería a las familias en lugar de a los individuos), y especialmente a los jóvenes infelices que ahora emplean, son cosas que ningún ser humano puede pensar que están contrarrestadas. por cualquier bien esperado de ellos.

Habiendo derogado la legislación que podría haber protegido a los tejedores en 1809, el gobierno no estaba dispuesto a introducir obstáculos al mercado libre acelerando la tendencia hacia la mecanización y no fue hasta 1834-1835 que un Comité Selecto examinó los problemas que enfrentaban los tejedores. James Hutchinson, uno de los productores de calicó que había protestado en 1819, como muchos de sus compañeros de negocios, finalmente abrió su propia fábrica de telares mecánicos en Woodhill, Elton.

Los tejedores de telares manuales dieron a conocer su difícil situación cada vez que surgió la oportunidad. La actriz Fanny Kemble, una de las invitadas a la inauguración del ferrocarril Liverpool-Manchester en 1830, describió la llegada del primer tren a Manchester, repleto de dignatarios, incluido Wellington:

Muy por encima de la muchedumbre lúgubre y mugrienta de rostros ceñudos, se había erigido un telar, en el que se sentaba un tejedor andrajoso y de aspecto hambriento, evidentemente sentado allí como un hombre representativo, para protestar contra el triunfo de la maquinaria y la ganancia y la gloria que el los hombres ricos de Liverpool y Manchester probablemente derivarían de él. [6]

Para radicales como Peter Murray McDouall que escribe en su Revista cartista y republicana En 1841, la desaparición gradual de los telares manuales representó la destrucción de la independencia, la economía familiar y el control sobre el ritmo y la naturaleza del trabajo y la creación de esclavitud asalariada por parte de "esclavos de fábrica" ​​dentro del sistema fabril en desarrollo del capitalismo industrial.

Otros radicales hicieron campaña con éxito contra las leyes de combinación que llevaron a su derogación en 1824. Una recesión en la economía provocó un rápido aumento de la actividad sindical con huelgas extensas, incluida cierta violencia en el invierno de 1824-1825. Los empleadores presionaron por la reintroducción de las Leyes Combinadas y en 1825 se aprobó una nueva legislación que permite a los sindicatos negociar salarios y condiciones, pero sin el derecho legal de huelga. Esto limitó efectivamente a los sindicatos a la negociación colectiva pacífica con los empleadores y si iban más allá de esta definición restringida de actividad legal para los sindicatos, podrían ser procesados ​​por conspiración criminal. Ante el cambio tecnológico y los considerables poderes que se dejaban a los empleadores después de 1825, los trabajadores estaban cada vez más convencidos de que los pequeños sindicatos nunca podrían tener éxito. Lo que se necesitaba, argumentaban algunos, eran sindicatos nacionales o generales que representaran a todos los trabajadores de un oficio en particular de diferentes partes del país. En 1829, John Doherty, líder de los hilanderos de algodón de Lancashire, formó una Gran Unión General de Hilanderos. Para un mayor poder de negociación, el siguiente paso fue tratar de unir a todos los sindicatos de todos los oficios en un solo sindicato. Formó la Asociación Nacional para la Protección del Trabajo a fines de 1829 en Manchester y se extendió a las ciudades algodoneras vecinas al año siguiente y, posteriormente, a otras áreas de fabricación, especialmente East Midlands. [7]

La década de 1820 también vio un refinamiento del análisis de la clase trabajadora sobre la naturaleza explotadora de la economía. [8] La solución de William Cobbett fue deshacerse del sistema de corrupción, la deuda nacional y el papel moneda y dio a entender que la vida volvería a los patrones del pequeño análisis pasado, simplemente nostalgia populista. Por el contrario, Thomas Spence, William Ogilvie, Thomas Hodgskin, William Thompson, Robert Owen, John Gray y más tarde John Francis Bray, Ernest Jones, James 'Bronterre' O'Brien y George Harney argumentaron que los derechos del hombre deben basarse en la posesión del poder económico. Sus economías políticas anticapitalistas y socialistas estaban en marcado contraste con las economías políticas clásicas de James y John Stuart Mill, David Ricardo, Robert Torrens, John Ramsey McCulloch y Nassau Senior. [9]

Robert Owen había esbozado sus puntos de vista cooperativos en Una nueva visión de la sociedad en 1813. Aunque Owen fue influyente en el movimiento de la clase trabajadora a principios de la década de 1830, buscó la reforma social desde arriba, un reflejo de sus actitudes elitistas y paternalistas. Su programa de reformas no fue de confrontación: vio sus reformas como un medio para evitar el conflicto de clases, la protesta violenta y la revolución. Su contribución más importante fue ver el capitalismo no como una colección de eventos discretos sino como un sistema. A lo largo de la década de 1820, un grupo creciente de trabajadores radicales abrazó la crítica de Owen al capitalismo y sus puntos de vista sobre la cooperación. Thompson, Hodgskin y Gray articularon no solo la base teórica de una economía política claramente anticapitalista, sino que también consideraron su alcance, métodos, contenido y objetivos. Todos eran, hasta cierto punto, socialistas ricardianos que adoptaron la teoría del valor trabajo mientras rechazaban los elementos del modelo de Ricardo que afirmaban que el capital también era productivo. Hodgskin, por ejemplo, argumentó que los capitalistas eran parásitos que desvían los frutos de la productividad del trabajo hacia el consumo improductivo.

Thompson rechazó la noción, expresada en particular por Thomas Malthus, de que cualquier aumento en los salarios de los trabajadores solo podría conducir a su empobrecimiento adicional. [10] Hodgskin, aunque rechazó las opiniones cooperativas de Thompson, sugirió:

... el verdadero negocio de los hombres, lo que promueve su prosperidad, siempre se hace mejor por ellos mismos que por unos pocos individuos separados y distintos, actuando como un gobierno en nombre de la totalidad..[11]

En 1825, en su Trabajo defendido contra las demandas de capital, argumentó que los economistas del libre comercio habían invertido al "capital" con poderes productivos que no poseía y que los capitalistas solo podían enriquecerse donde había un grupo oprimido de trabajadores mantenidos en la pobreza. Escribiendo después de la derogación de las Leyes Combinadas en 1824 y la legislación represiva del año siguiente, Hodgskin creía que las leyes contra los sindicatos y la negociación colectiva habían creado una ventaja injusta contra los trabajadores a favor de los capitalistas y que las grandes ganancias obtenidas por los capitalistas no fueron el resultado de fuerzas económicas naturales, sino que fueron generados por el poder coercitivo del gobierno. Sostuvo que sólo con la libertad del mercado libre podrían los trabajadores de todo tipo recibir una compensación justa por su trabajo. La intervención económica de los gobiernos no podría hacer nada para aumentar la riqueza o acelerar su progreso y que las leyes de la economía solo tendrían el poder de transformar la sociedad cuando no estuvieran restringidas por sistemas legales arbitrarios. [12]

John Gray argumentó que los productores reciben solo alrededor de una quinta parte del valor de sus productos, mientras que su trabajo crea todo ese valor. [13] Sin embargo, no creía que este problema pudiera resolverse mediante el funcionamiento irrestricto del mercado libre, argumentando que la competencia del libre mercado obstaculizaba la productividad de la economía porque los ingresos siguen siendo bajos, lo que limita la demanda y, por lo tanto, la producción. El mercado fue visto como una fuente de explotación y depresión económica y las presiones competitivas desatadas por el mercado dieron como resultado un comportamiento socialmente destructivo y moralmente corrosivo. Para superar los límites que la competencia impone a la producción social y las dificultades que impone, Gray propuso una solución comunitaria. Lo que era necesario, sostenía Gray, era la dirección central y el control de la economía industrial por parte de una Cámara Nacional de Comercio, que poseería los medios de producción, como una forma de lograr ciertos objetivos socialistas. También pidió la formación de un Banco Nacional que aseguraría que el dinero aumentaría a medida que el producto aumentara y disminuiría a medida que el producto se consumiera o redirigiera, así como un sistema de asociaciones cooperativas para organizar la oferta y la demanda. De esta manera, Gray creía que la actividad económica podría gestionarse para garantizar la justicia distributiva y conmutativa, la estabilidad de precios, la asignación eficiente de recursos y el fin de la depresión económica resultante de que la oferta supere la oferta efectiva.

El principal problema del pensamiento populista anticapitalista en la década de 1820 era que carecía de una comprensión integral de la naturaleza de las causas de la explotación y alienación del capitalismo. En gran parte debido a su incapacidad para abordar este problema, Thompson buscó establecer soluciones cooperativas independientemente de lo que estuviera sucediendo en la sociedad capitalista en general. Su solución no fue reemplazar el sistema capitalista existente, sino sortearlo creando comunidades cooperativas separadas. Las comunidades establecidas por Robert Owen no lograron traducir la teoría de la vida cooperativa en comunidades que funcionaron en gran parte debido a su enfoque paternalista y antidemocrático para administrarlas y su necesidad de operar dentro de un entorno capitalista. Gray, sin embargo, fue más allá al sugerir soluciones socialistas para reemplazar el capitalismo de mercado. Aunque los economistas anticapitalistas habían desarrollado una crítica eficaz del capitalismo en la década de 1820 y esto continuó hasta la década de 1830, lo que no hicieron fue vincular su crítica a la cuestión de la reforma parlamentaria. Fue la publicación del Guardián del pobre, editado por Bronterre O’Brien que resultó crucial. Aunque fuertemente influenciado por los economistas populares y por Owen, rechazó la oposición de Owen a la acción política. Transformó la retórica tradicional del radicalismo al tratar la reforma parlamentaria como sin sentido por sí sola. Sin una transformación social y económica, argumentó, la reforma parlamentaria no podría abordar los males de las clases trabajadoras.

[1] Patterson, W. M., Metodismo primitivo del norte, (E. Dalton), 1909, págs. 154-170.

[2] Engemann, T. S., "Religión y reforma política: el metodismo wesleyano en la Gran Bretaña del siglo XIX", Diario de la Iglesia y el Estado, Vol. 24, (1982), págs. 321-336, proporciona un buen resumen. Hempton, David, La religión del pueblo: metodismo y religión popular, c1750-1900, (Routledge), 1996, págs. 162-178, es excelente en historiografía.

[3] Hempton, D., Metodismo y política en la sociedad británica 1750-1850, (Hutchinson), 1984, Edwards, M., Después de Wesley: un estudio de la influencia social y política del metodismo en el período medio, 1791-1849, (Epworth Press), 1948, Taylor, E. R., Metodismo y política 1791-1851, (Cambridge University Press), 1935, y Wearmouth, R. F., El metodismo y los movimientos de la clase trabajadora de Inglaterra 1800-1850, (Epworth Press), 1937.

[4] Ibid, Hempton, David, La religión del pueblo: metodismo y religión popular, c1750-1900, págs. 170-171.

[5] Bythell, Duncan, Las tejedoras de telares manuales: un estudio de la industria algodonera inglesa durante la revolución industrial, (Cambridge University Press), 1969, Nardinelli, Clark, "Technology and Unemployment: The Case of the Handloom Weavers", Revista económica del sur, Vol. 53, (1), (1986), págs. 87-94, y Timmins, Geoffrey, El último cambio: el declive del tejido en telar manual en el Lancashire del siglo XIX, (Manchester University Press), 1993.

[6] Kemble, Frances Ann, Registros de una niñez, (R. Bentley & amp Son), 1878, pág. 304.

[7] El desarrollo de los sindicatos se explora con mayor detalle.

[8] Thompson, Noel W., La ciencia popular: la economía política popular de explotación y crisis 1816-34, (Cambridge University Press), 1984, y Los derechos reales del hombre: economías políticas para la clase trabajadora, 1775-1850, (Pluto Press), 1998.

[9] McNally, David, Contra el mercado: economía política, socialismo de mercado y la crítica marxista, (Verso), 1993, págs. 104-138.

[10] Thompson, William, Una investigación sobre los principios de distribución de la riqueza más propicios para la felicidad humana aplicados al nuevo sistema propuesto de igualdad voluntaria de la riqueza, (Longman, Hurst Rees, Orme, Brown & amp Green), 1824, y Trabajo recompensado. Los reclamos del trabajo y el capital conciliados: o cómo asegurar para el trabajo todos los productos de sus esfuerzos, (Hunt y Clarke), 1827.

[11] Hodgskin, Thomas, Viajes por el norte de Alemania: descripción del estado actual de las instituciones sociales y políticas, la agricultura, las manufacturas, el comercio, la educación, las artes y las costumbres en ese país, en particular en el Reino de Hannover, 2 vol. (Constable), 1820, vol. 1 p. 292.

[12] Slack, David, Naturaleza y artificio: la vida y el pensamiento de Thomas Hodgskin (1787-1869), (Boydell), 1998, págs. 89-136, considera su pensamiento en la década de 1820.

[13] Gray, John, Conferencia sobre la felicidad humana: ser la primera de una serie de conferencias sobre ese tema en la que se comprenderá una revisión general de las causas de los males existentes de la sociedad y un desarrollo de los medios por los cuales pueden ser eliminados de manera permanente y efectiva, (Sherwood, Jones & amp Company), 1825, y El sistema social: un tratado sobre el principio del intercambio, (Longman, Rees, Orme, Brown & amp Green), 1831. Véase también, DLB, Vol. 6, págs. 121-125, y Kimball, J., Las doctrinas económicas de John Gray, 1799-1883, (Prensa de la Universidad Católica de América), 1946.


Historia de los tejedores en la India

Los agricultores del valle del Indo fueron los primeros en hilar y tejer algodón. En 1929, los arqueólogos recuperaron fragmentos de textiles de algodón en Mohenjo-Daro, en lo que hoy es Pakistán, que datan de entre 3250 y 2750 a. Historia de los tejedores en India. Las referencias literarias, además, apuntan a la naturaleza antigua del subcontinente industria algodonera. Empire of Cotton continúa mostrando cómo la industria del algodón, que la India dominó a principios del siglo XVIII, fue asumida por los británicos, cómo estimuló el comercio de esclavos con los estadounidenses y la revolución industrial, su papel: un siglo en la independencia. movimiento y la rueca de Gandhi, y cómo volvió una vez más a Asia a lo grande a finales del siglo XX. Es muy probable que el desarrollo de la artesanía textil fuera también un componente clave del ascenso de la civilización del Indo.

Combinando hebras de lana con otros hilos, la tejedora teje a mano pacientemente esteras para sacar una pieza decorativa para los hogares.

Desde la independencia de Pakistán, la industria textil ha sido el sector manufacturero más importante de Pakistán, con la cadena de producción más larga, con un potencial inherente de valor agregado en cada etapa del procesamiento, desde el cultivo del algodón hasta el desmotado, hilado, fabricación de telas, teñido y acabado y producción de prendas confeccionadas.

Los cuatro tejidos principales

Los cuatro tejidos principales

Algodón - El algodón es una fibra cortada suave y esponjosa que crece en una cápsula, o estuche protector, alrededor de las semillas de las plantas de algodón del género Gossypium en la familia de las malvas Malvaceae. La fibra es celulosa casi pura. En condiciones naturales, las cápsulas de algodón aumentarán la dispersión de las semillas.

La planta es un arbusto nativo de las regiones tropicales y subtropicales de todo el mundo, incluidas América, África, Egipto e India. La mayor diversidad de especies de algodón silvestre se encuentra en México, seguido de Australia y África. El algodón fue domesticado de forma independiente en el Viejo y el Nuevo Mundo.

La fibra se hila con mayor frecuencia en hilo o hilo y se usa para hacer un tejido suave y transpirable. El uso de algodón para telas se conoce hasta la fecha en tiempos prehistóricos. Se han encontrado fragmentos de tela de algodón que datan del quinto milenio antes de Cristo en la civilización del valle del Indo. Aunque se cultiva desde la antigüedad, fue la invención de la desmotadora de algodón lo que redujo el costo de producción lo que llevó a su uso generalizado, y es la tela de fibra natural más utilizada en la ropa en la actualidad.

Khadi - Khadi or khaddar is handspun, hand-woven natural fiber cloth originating from India, Bangladesh and broadly used in Pakistan and India. This fabric is mainly made out of cotton.

The cloth is usually woven from cotton and may also include silk, or wool, which are all spun into yarn on a spinning wheel called a charkha. It is a versatile fabric, cool in summer and warm in winter. In order to improve the look, khādī/khaddar is sometimes starched to give it a stiffer feel. It is widely accepted in fashion circles. Khadi is being promoted in India by Khadi and Village Industries Commission, Ministry of Micro, Small and Medium Enterprises.

Linen – Linen /ˈlɪnən/ is a textile made from the fibers of the flax plant. Linen is laborious to manufacture, but the fiber is very strong, absorbent and dries faster than cotton. Garments made of linen are valued for their exceptional coolness and freshness in hot and humid weather. Many products are made of linen: aprons, bags, towels (swimming, bath, beach, body and wash towels), napkins, bed linens, tablecloths, runners, chair covers, and men’s and women’s wear. Textiles in a linen weave texture, even when made of cotton, hemp, or other non-flax fibers, are also loosely referred to as “linen”. Such fabrics frequently have their own specific names: for example, fine cotton yarn in a linen-style weave may be called madapolam.

Linen textiles appear to be some of the oldest in the world: their history goes back many thousands of years. Fragments of straw, seeds, fibers, yarns, and various types of fabrics dating to about 8000 BC have been found in Swiss lake dwellings.

Silk – Silk is a natural protein fiber, some forms of which can be woven into textiles. The protein fiber of silk is composed mainly of fibroin and is produced by certain insect larvae to form cocoons. The best-known silk is obtained from the cocoons of the larvae of the mulberry silkworm Bombyx mori reared in captivity (sericulture). The shimmering appearance of silk is due to the triangular prism-like structure of the silk fiber, which allows the silk cloth to refract incoming light at different angles, thus producing different colors.

Silk is produced by several insects but, generally, only the silk of moth caterpillars has been used for textile manufacturing.

Condition of Weavers pre-industrialization and at present

In the late eighteenth century, when the textile industries in England began to produce cloth, need was felt for imposing import duties on foreign cloth which entered its markets. Thus, various import duties were levied on Indian cloth entering into the British markets. This hit the Indian weavers hard.

The English companies in order to sell their goods persuaded the British Government to remove all import duties on English cloth entering into India. Because these clothes were cheap, the condition of weavers in India became worse as their export market collapsed and the local market was flooded with cheap British cloth.

Weaving the dyed thread to craft out a stole or shawl the women meticulously uses the hand loom to create and sell apparels.

Also, many a times, weavers were not able to get raw cotton of good quality.

In contradiction to the history of weavers, at the present time, Handloom weavers are facing severe livelihood crisis because of adverse government policies, globalization and changing socio-economic conditions. The national and state governments do have several schemes pertaining to production inputs, market support and development, meant to protect the welfares of the weaving community.

Fruitless operation of the schemes and the changed context of textile industry, increasing competition from the power loom and mill sectors have been largely responsible for the crisis in the handlooms.

Lack of information to weavers regarding various policies and schemes is no less a significant cause for the dwindling fortunes of the weaver community. Even government departments and implementing agencies related to handloom suffer from inadequate information and data.

Out of the 38 million people employed in the weaving industry 12.4 million, or close to 33%, are concentrated in this declining part of the sector. The majority of them are traditional caste and very poor as well as economically weaker sections, working along with their family members joined together in joint family units. Most of the women of all age groups are dedicatedly doing this weaving as their profession for their livelihood.

Importance of Handloom and its future in the fashion industry

los handloom industry is one of the most important industries for Indian economy which resonates the rich and diverse culture, it also showcases country’s impeccable skill, ingenuity and expertise to the world. This industry has the highest employment rate after agriculture and accounts for 4 percent of the GDP, 14 percent of industrial production and 17 percent of the country’s total export earnings.

More so, handlooms have a low carbon footprint, or none, as they consume less infrastructure, technology and power. However, what is less talked about is the importance of sustainability of handlooms in the ever-growing fashion industry of India.

Banarasi Suits and Sarees, being sold by the locals at markets.

Owing to the intensifying pressure for companies to become more sustainable, designers in the fashion industry, by and large, have started giving importance to the handloom sector. The handloom products play a major role in the world of fabrics. Around 45 lakh people are directly or indirectly engaged in this sector.

Experts and most of the eminent fashion designers, who attended fashion shows at the Textiles India 2017 summit, were of the view that sustainability is the way to take fashion forward. They consensually agreed to the fact that some of the dying heirloom techniques and the vibrant handloom sector need immense support from the fashion industry to sustain. One of the major initiatives taken to promote handlooms, is the launch of India Handloom brand (IHB) by PM Modi in 2015. It focuses on uses of natural fibers such as cotton, wool, silk, and jute, and provides branding to the products for distinction.

There is a new momentum and new designers are coming up and getting involved, which is putting more focus on reviving dying heirloom techniques.

In today’s world of technological advancement, marketing is pertinent to the growth and development of handloom industry.

Challenges Faced by Indian weavers!

A weaver working meticulously on the hand loom.

1. Technological backwardness- The handloom weavers practice traditional methods of weaving, without any application of technology. The looms employed in the manufacture of handloom products are worn out and with modernity hitting it has become crucial for the handloom weavers to acquire new looms and maintain the old ones.

2. The paucity of Novelty in Designs– The designs made by some of the independent weavers of India are considered outdated by today’s generation. It has become difficult for the weavers to survive in the present scenario of intense competition in the fashion industry. Efforts have been take by the fashion industry of India and the government wherein young designing students of reputed fashion institutes are employed for contemporizing the craft of the handloom weavers through skill enhancement and product development.

3. Increase in competition from Power Loom and Mill Sector- According to fashion industry sources- while the fabric produced by the power loom would cost Rs. 30 per meter, that produced on handloom would be around Rs. 500 per meter. Due to the higher prices of handloom products, a limited section of the society can afford to buy the handloom produce, and the larger sector opts for the power loom fabrics.

4. Lack of credit availability- The major issues faced by handloom weavers is lack of access to credit and the expensive cost of credit. It’s speculated that only 14.8% of the handloom weavers had access to institutionalized sources of credit.

From the IKF Desk

India is again standing at a place where it can command its worth, by teaching the world to live resourcefully and the world is turning towards it for the knowledge and resources. We need to conserve our resources, utilize the strength of young people and their skills, learn to respect artisans and move towards sustainable technologies and options. Myopic and short-term gains might seem lucrative now but a foresighted approach will secure our future.

We undoubtedly need technology, but we also need to understand that excessive reliance on machine-made products and complete negligence towards hand-made and sustainable products could lead us towards a doomsday of its own.


Handloom Fabric Manufacturing Process – An Introduction

From ancient times till now, the handloom has been the pride of India's traditional and cultural brilliance. The dexterous Indian textile weavers since ancient times have been weaving wonders. When we talk about handloom fabrics, we connect it with khadi fabrics and sarees. At present, hand loom fabrics are used as raw materials in various types of apparel products making. This article walks you through the preparatory phases of handloom fabric production to finished handloom fabric manufacturing processes.

The major processes involved the followings

  1. Raw material selection
  2. Raw material to yarn conversion
  3. Dyeing of yarns
  4. Bobbin winding and warping
  5. Sizing of warp yarns
  6. Dressing and winding of warp yarns
  7. Attaching Warp Yarns on Loom
  8. Weft yarn winding
  9. Weaving fabric in a handloom
  10. Final handloom products

1. Raw Materials

Image: Raw materials for textile yarns (Natural fibres -cotton, flex, silk, wool)

2. Raw Material to Yarn Conversion

Yarn is a long continuous length of interlocked fibers. The raw material is gently rolled with palm to form a loosely interlocked cylindrical bunch known as a sliver. This loosely interlocked sliver is then spun on a charkha or hathkarkha to make it compact and fine. The spun cotton yarns are braided into skeins and sent for dyeing.

3. Dyeing of yarns

Dyeing is a process of colouring the greige yarns. It is a crucial preliminary step of handloom weaving. This process is done by hand in small lots or hanks using natural or chemical colourants. Hank yarn dyeing is predominant in South India, contrary to the North, where fabric dying is famous. There are majorly three types of dyeing -

Natural Dyeing


Image: Natural dyeing | Image credit: www.dacottonhandlooms.in

Indigo Dyeing


Synthetic Dyeing

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Image: Synthetic dyeing | Image credit: www.dacottonhandlooms.in

4. Bobbin Winding and Warping

5. Sizing of warp yarns

Post warping, the warp yarns are stretched out for size application. Sizing material or starch is applied to add strength and lubricate the yarn. This crucial activity is called "sizing". Natural sizing material like rice, maize, wheat flour, or potato starch is used depending on the region. After the application of the sizing paste onto the stretched yarn, special brushes are used to spread and dry the starch on the yarn. This starch is removed only after two to three washes of the finished product.

6. Dressing and Winding the warp yarns

Before the size applied warp is loaded onto the loom, the warp yarns are aligned and separated to facilitate smooth weaving. The aligned and starched yarns are carefully wound around a wooden beam and carried to the loom.

7. Attaching Warp Yarns on Loom

Each warp yarn is drawn through heddles and reed and finally tied on both front beam and back beam. According to a pre-determined weave plan, yarns are passed through heddles which separate the warp yarns into two sections between which the weft yarn (horizontal/width-wise yarn) passes.

8. Weft yarns winding

For horizontal or weft yarn preparation, traditionally, charka is used. By the fingertips, correct tension is given to the yarn. A hank of yarn is wound onto a small bobbin called “pirn”. The weft yarn wound on pirn is then inserted into a shuttle (a device used in weaving to carry the weft thread back and forth between the warp threads.)

9. Weaving fabric in a handloom

Weaving is the process of interlacement of warp and weft (vertical and horizontal) sets of yarn. The fabrics which are weaved on handloom are known as handloom products. As the name suggests, handloom is a loom that is used to weave fabrics using hands, that is, without the use of electricity. The foot pedals are pressed to lift the respective heddles according to the weave plan and it has to be in sync with throwing the weft or horizontal yarns across the two sections of warp yarns. Weavers continue weaving for long hours in a day which requires immense concentration and physical strength.


A Peek into the History of Sri Lankan Handloom!

It’s no secret that we love Sri Lankan handlooms Everything from the colours, textures, materials and methods to the weavers, make up our fascination with them. But, it’s a bit more layered than that too. Handlooms weave through Sri Lanka’s culture so far back in history, that their story is almost like the story of this island.

Sri Lanka’s story has been ingrained with handloom so much so that the opening scene of our known history begins with Kuvanna ⁠— a native Yakkha tribe princess spinning cotton as a ship nears the shores, carrying a band of bandits led by Vijaya —a part-lion outlaw (yes, you read that right, but let’s not get into that now), who would marry Kuvanna to become the island’s first recorded king. From this point in history two and a half thousand years ago, and probably much further back, Sri Lankan handlooms have been evolving through wars, trading, golden ages, the caste system, colonisation and everything else that shaped the island and its people.

Sri Lanka’s traditional weaver casts are usually identified in two groups the indigenous weaving communities in areas like Thalagune, and master weavers brought from India by royalty to make gold-woven handlooms. Right now, Sri Lankan handloom weavers are scattered throughout the island, with some of them being traditional weavers who have a generational connection to the craft, while others are entrepreneurs and government trained artisans with home based small businesses or employed in private, cooperative and state operations. The weavers we work with are based in areas like Maharagama and Kurunegala where they are attached to socially responsible organisations, and the rural hills of Dumbara where sustainability is really a norm that has been practiced before the word was even invented.

Although the government programmes to maintain a consistent demand for handlooms through state workers’ uniforms and work attire specifications have kept local handlooms afloat, these projects don’t really encourage artisans to express their creativity or to experiment enough. But, things are slowly changing, and there are really interesting mixes of aesthetics, technology and business opportunities beginning to influence Sri Lankan handloom, and we’re excited to see where this will go.

All in all, we think Sri Lankan handlooms, and in turn, the bean bags we make with them, have a kind of magic Because caught between their threads, is the memory of a beautiful place in the tropics, its people and their oldest textile craft that has been kept alive through generational knowledge. That’s pretty impressive for a bean bag, we think. But, that’s the thing these bean bags we make with handlooms are created on the hands of people whose traditions and life stories are as rich as their weaves. So, these bean bags are never just things that sit lifeless in your room they are alive, we say, because they actually speak about cultures and histories in subtle ways that make your space more intriguing.


The Sambalpuri Ikat of Odisha: History, Symbolism and Contemporary Trends

Surendra Meher is the youngest son of legendary ikat weaver Padmashree Kunjabihari Meher, from Barpali. After graduating from Sambalpur University he devoted himself to innovating and experimenting new designs in the age-old traditional art of Sambalpuri Ikat to adapt it to modern tastes. Surendra Meher has set a record in being honoured with the State Award of Orissa for three years consecutively. He also received the National Award in 1991 and the Kalanidhi Award in 1993. He has represented the country in the 'India Week exhibition' at the Algurair Centre, Dubai, and also at the Asian Art Museum, San Fransisco, in 1997. His classic creations have been part of the permanent display of the Art Gallery of the Crafts Museum, New Delhi and the Asian Art Museum, San Francisco.

Textiles are cultural artefacts that reflect social histories of the places where they originate. In the Indian subcontinent, owing to its vastness, an account of its wide-ranging textiles presents a particularly speckled map. Textiles in India vary from place to place dramatically, not only in terms of the type of material or cloth but also in design, manifesting in them the diversity in geographical and ethnic cultural patterns. And amongst the different types of fabrics available in India—chiefly wool, jute, hemp, silk and cotton—it is cotton that offers the richest styles of expression. While other fabrics have a distinct quality in texture, cotton being relatively flat has been explored most ingeniously by Indian weavers in terms of colours and designs to create striking results (Varadarajan 1984). Craftsmen have devised different design and weaving methods, chief amongst them being bandhani, kalamkari, block print and ikat. The bandhani is a process of knotting, tying and dyeing, traditionally associated with the states of Gujarat and Rajasthan and is known as chungadi in Madura, Tamil Nadu. Painted textiles are called kalamkari and those stamped are called chit or block-printed fabrics. Ikat is the most intricate and elaborate of all these methods involving resist dye as well as weaving of loose threads post the dyeing. The yarn already bears the impression of the pattern when the loom is set for weaving. If both warp and weft are resist dyed the resultant weave is called ‘double ikat’ which is primarily associated with the patola ikats of Patan, in Gujrat (Figure 1). And if either the weft or the warp yarn alone is dyed, the weave is termed ‘single ikat’, more widely produced in Odisha. Despite the supposed influences of Gujarat’s patola on Odishan weaving, the two are strikingly different in design. The Gujarati patolas are recognisable through their bold outlines, geometrical grid-like overall design. However, the Odishan ikat follows a curvilinear style and has a feathery look with hazy outlines (Figure 3). This essay provides a general overview of the latter tradition, as primarily practised in the Sambalpur region in Odisha, with a focus on the profound symbolism and cultural moorings which inform the ostensibly decorative styles. To quote Judith Livingstone’s succinct description of ikat’s multiple cultural connotations, these fabrics ‘have been worn as costume, exchanged as gifts, acquired as items of status and prestige, utilized for ceremonial and ritual purposes. They have also served as a medium of communication between members of social groups, as much as between the physical and spiritual world’ (Livingstone 1994:153).

Ikat is an Indonesian word derived from the word ‘mengikat’, meaning to tie. Apart from India, Indonesia, Japan and China are the other countries in which this method of weaving is widely practised. While indigenously this resist dye and tie method is called bandha kala or tie art in Odisha, because of the international resonance of the term ‘ikat’, this essay will primarily use the latter term to also refer to the Sambalpuri textiles.

Figure 1: This 19th-century wedding saree is a typical example of the Patola silk from Gujarat. This ikat uses both weft and warp dyeing method. Metallic gold thread is also used in this saree along with silk. Source: Wikimedia Commonshttp://collections.lacma.org/sites/default/files/remote_images/piction/ma-2382345-O3.jpg

Figure 2: Ceremonial Ikat Hanging from Bali, Indonesia, late 19th century. Source: Honolulu Academy of Arts pasted on Wikimedia Commons. https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7331824

Figure 3: Sambalpuri Ikat. Notice that compared to the geometrical and more precise patola, the Odishan ikat has a curvilinear and feathery appearance.

Design and Symbolism

Ordinary craftsmanship of extraordinary creation—that is bandha kala. One can say this for two reasons. Firstly, ordinary craftsmen of Odisha living ordinary lives and in some cases in abject penury, display extraordinary creativity in producing some of the most exquisite designs in textiles. The famous saying of Odisha’s legendary poet Bhimabhoyi (late 19th century) has remained an inspiration for the weavers, ‘The suffering of humankind—I hope my life becomes hell but alleviates the human condition’. And secondly, through these textiles ordinary life is constantly imbued with an extraordinary vision regarding evolution, the nature of human civilisation, as well as the cultural values of the Odishan society. As the primary wearer, the woman drapes over herself these rich symbolic imageries connecting her everyday world with the divine and the spiritual.

In different scriptural texts or shastras, the Indian woman is associated with qualities of elegance and abundance by the ‘wise men’. For instance, the following old poem cited in Kunja Meher’s (Meher 2004) book affixes various attributes to the Oriya woman in so many words:

Padmini Padmabasini (who smells like lotus) Mrugarajkati (with a waist as slim as a deer’s) Nindeghanajagani (with round thighs) gajabaschali Gajagamini (whose walk is soft and sensual like an elephant’s) kanhi achu dhana (Where are you my dear?)

Dekha Chandranayana (please show your moonface). Bachanu binate gheni (I humbly request you to listen to me).

Kokilakantha jina (whose voice is like a koel bird’s and even better) Chandramukhi lalana (oh moonfaced girl) Mrugachahani (with the swift innocent look of a deer) Mrughakhi (whose eyes are also shaped like the deer’s) Bimbaadhari (with the parrot’s red lips) Meena nayani (fish-like round eyes) Maninimadalasa Mandahasi (the sensitive woman and the one who smiles proportionately—slight, sweet smile) Ghanakesi (with thick hair) Puspabati latika (with hair like the creeper with lots of flowers) Jabaadhari (with the red lips of a hibiscus flower) Dalimbabijadonti (with small white teeth like the seeds of pomengranate) Mrudukumudakanti (your skin color is like that of a blooming lily) Maralagamini (you have a swan-like walk) Chandranane (round is your visage—moonfaced) Nasikatilapuspa (your nose is slender like the flower of the ‘til’ plant) Kusumathani kularajani ghanakesi (You are like a flower with lush hair).

Thus, as seen in these effusive lines describing a woman’s beauty, comparing ideal feminine qualities to nature’s elements had other social connotations. For instance, the ideal woman had to cultivate certain personality traits as the householder—she was the soft-spoken, gentle and forgiving woman. Her physical traits were a reflection of an inner resilience and virtuousness. With innocent, constantly batting doe-eyes (mriganayani, mrugakhi), a body that smelled sweet and pleasant like the lotus flower (padmabasini), soft sensual walk of an elephant which produced no sound (gajagamini), sway of a duck or swan (maralagamani) and the sweet gentle smile on her red parrot-like lips, such a woman, whose outer beauty and sensuality could only correspond to a personality that was loving and undemanding, could shoulder the duties as wife, mother and householder. Such was the fantasised role of women in the shastras, epics, poems and depiction in the architecture of Odishan culture since ancient times. Other major literary inspirations for female representation in Sambalpuri ikat are poet Kalidasa’s Abhijnana Shakuntalam and the verses from ‘Madhumaya’ poems in the book Pranayabalari by renowned Odia poet Gangadhar Meher, who himself belonged to the weaver community. Radhanath Rai’s poems describing the Chilika Lake in Odisha, its water, sky, and birds are also depicted in the sarees.

The traditional Bichitrapuri saree with one of the oldest known designs has therefore recurring motifs of the deer, lion, elephant, geese, ducks in its end panel (Figures 4, 5). While on the surface, deracinated from its context, these motifs might look merely decorative, to depict a horse or camel in these sarees would thus become completely illogical and counterproductive. The Indumati saree depicts all the duties of the Odia housewife and Panchkanya saree shows womenfolk in a specific attractive pose with one leg up, their heads falling back as they play the conch with their mouths. Some of the other key recurrent traditional motifs include the lotus as a symbol of the universe emerging from the sun as well as Goddess Lakshmi’s seat, the conch representing the mystic symbol ‘om’, the tortoise as incarnation of Lord Vishnu, the fish as a sign of evolution as well as one of the eight symbols of good luck, the coiled serpent symbolising the unending cycle of time, peacock for prosperity, and the dharma chakra. The Charuchitrapata saree depicts imageries from the other traditional Odishan art—the scroll paintings or patachitra based on Hindu mythology, especially the life of Lord Krishna. Similarly, designs emphasising a particular dominant motif are codified such as the Mandara Phuliya Kapata (hibiscus flower cloth), Ekphuliya (one-flower design), Dusphuliya (ten-flower design), Boulomaliya (flower garland), Nagabandi (two snakes entangled and facing each other) Aasman Tara (stars in the sky), Sakatapara (depicting carts), etc. In olden times, sarees were also named according to the codified designs each incorporated—Pushbati, Ratnabati, Mriganayani, Gajagamini, Padmavati, Champakmali, Malinitoya, Indumati, Bhanumati, Bharatikusuma, Kalaratna, Ratnabati, Panchkanya, Kalingasundari, Utkalaratna, Topoi, etc. The famous Pasapalli saree with its distinct chequered design is inspired by a traditional board game, pasa. In most of these sarees, it is the anchal o pallu, i.e. the end panel that is the most important part of the design and visually striking. Adorned in these assemblages of auspicious motifs on the sarees, the virtuous woman is believed to constantly carry upon her body and be reminded of the traditional values of Odishan culture.

However, apart from the secular and day-to-day usage as women’s drapes, the ikat textiles also served an important religious function. In this regard it is worthwhile here to discuss the Gitagovinda cloth as an example of the contexts within which Odisha’s ikat was originally produced and received. The Gitagovinda is probably one of the oldest surviving types of the religious ikats of Odisha. These are especially made by the community of Nuapatna weavers in Cuttack district, with almost 90 per cent of this village comprising of different castes of hereditary weavers. On a mere descriptive level, the Gitagovinda is typically made in silk containing verses from the religious text, Jayadeva’s Gita Govinda, a devotional poem dedicated to the Hindu deity Krishna, produced through the weft ikat technique (Figure 6). The end panel or pallu is typically made out of three dominant colours, corresponding to the chariots in Ratha Yatra festival—green for the deity Balabhadra, red for Subhadra and yellow for Jagannath. The verses most frequently deployed in these fabrics are the first part of the Gita Govinda text on the Dasvatara or Vishnu’s ten incarnations. However, on a cultural level, the Gitagovinda cloth is circulated in the extremely ritualistic domains within the Jagannath Temple of Puri, defining and negotiating anew hierarchies within the religious structures between the devotees, the different kinds of sevakas or priests of the temple, etc. Moreover, as studied by Hacker, in medieval times, political power was deeply intertwined with the religious domain, and in the case of the Odishan empire, the king would actively partake in the temple rituals and strategically place himself in a high status within the temple hierarchies, often identifying himself as a symbolic incarnation of the deity itself (Hacker,1997). This would in turn shape relations with feudatory states and neighboring kingdoms and the trade dealings. For instance, the sacred Gitagovinda cloth, apart from being offered as gifts, would also be bartered for iron, wood and ropes to make the deities’ carts for Ratha Yatra. While the kings and heads were offered silk clothes, the rest of the ministry and family were given cotton fabrics, establishing hierarchies and marking status and prestige via means of the sacred textile which became an important visual and symbolic vehicle for formalising such political transactions. Thus the cloth served ceremonial, religious as well as political functions all at once.


The Malay Handloom Weavers : A Study of the Rise and Decline of Traditional Manufacture

Malay society of the past has usually been characterized by the presence of the peasantry, a pre-modern class of producers, tied to the land and beholden to a feudalistic or feudal-like ruling structure. In contrast, this book explores the diversity which in fact colours the economic history of the Malays. The subject of this book is a relatively unknown class of people, the handloom weavers, who played a decisive role in the economies of the eastern Malay states of Terengganu, Kelantan, and Pahang. Today, the products of these handloom weavers, the beautiful hand-woven sarongs and cloths, grace the most elegant and auspicious of occasions. What is the story behind the vicissitudes, often brutal, of textile production in the early or proto-industrial phases of the Malay economy? Why was the handloom industry, at its height, halted from realizing its full potential of trans-forming into a full-fledged industrial manufacture? What exactly is the putting-out system of production and how did men and women actualize their roles in such production regimes? Why did the putting-out system endure? In answering such questions this book explores the origins of the Malay handloom industry, its technology, its people, and its turbulent relationship with the ambitions of both the colonial and modern nation-states.


HandLoom Weavers

Both the spinning and weaving of cloth were originally carried out by people in their homes, who would then take the finished cloth to market. Originally using wool, which was brought in from Lancashire, and then cotton when it started arriving in huge quantities from America.

When cotton was first introduced into this country, it was assumed it must come from some sort of sheep, and when told it came from a plant, people decided that it must therefore come from a sheep plant.

"There grew there [India] a wonderful tree which bore tiny lambs on the endes of its branches. These branches were so pliable that they bent down to allow the lambs to feed when they are hungrie." Wrote John Mandeville in 1350

In Daniel Defoe's book of 1724, he recorded his journey through Great Britain and describes the working and living conditions of the labouring classes he found on his travels.
"and so nearer we came to Halifax we found the houses thicker and the villages greater. If we knocked at the door of any of the master manufacturers we presently saw a house full of lusty fellows, some at the dye vat, some dressing the cloth, some in the loom. These people are full of business, not a beggar not an idle person to be seen. This business is the clothing trade."

Handloom weavers working under the domestic system sometimes saved small amounts of yarn until they had enough to make an extra piece of cloth to sell for their own profit. Two weavers, Abraham and Henry Stansfield, were threatened with prosecution when they tried to sell two pieces of cloth to the owners of Mytholm Mill The Leeds Intelligencer published a Caution to Cotton Weavers in 1792 which reads as follows &ldquowe have requested them in pity for our large families, to take back their property and to forgive this offence, promising never to commit the like again&rdquo.

Once mechanisation had been introduced into cotton spinning by Samuel Cronpton with his Spinning Jenny, the obvious next step was to mechanise weaving. Although handloom weaving had been speeded up in the 18th century by the introduction of the flying shuttle, weaving was still done by hand either at home or in small loom shops. Spun cotton was now produced in large quantities for the first time by the mills, so handloom weaving was expanding to keep up with the supply. Although they lacked the status of their 18th century counterparts, it was still possible for handloom weavers to earn good wages in the early 19th century.

One of the advantages of having mills in this district was the presence of handloom weavers forming a large part of the population. The Sutcliffe papers show that one mill-owning family were employing hundreds of handloom weavers both locally and in East Lancashire. Ledgers and account books give the names of weavers in the townships of Heptonstall, Ripponden, Sowerby and Soyland, and show that in the 1820s and 1830s they were also employing an agent in Colne called Andrew Stuttard to organise weavers in the cotton weaving districts of Marsden, Brierfield and Barnoldswick areas.

Power Looms begin to take over

Initially the introduction of the power looms was patchy as the early machines were not able to produce as good a quality cloth as could be woven by hand, but as the machinery evolved power loom production took over from the handmade process in the 1830s and 1840s. Wages were lowered and the amount of time between one job and the next could be days or weeks. In the wake of a typhoid epidemic in the winter of 1842 a doctor called Robert Howard wrote about medical and sanitary conditions in Slack &ndash he lived at no. 15 New Road in Hebden Bridge and was paid by the poor law guardians to attend the sick. Howard&rsquos&rsquo local interests included medical and sanitary improvements in the town and district, but he was also concerned about the loss of dignity suffered by handloom weavers now forced to rely on charity.

Extract from a Handloom weaver&rsquos reminisces

Some political economists believed that there was a need to replace the old domestic system with the disciplined workforce of the mills where more and more people were now employed. Others saw it very differently. Joseph Greenwood&rsquos family had made their living from farming as well as handloom weaving and this interaction &ndash the dual economy - had long been characteristic of the area. Looking back on his childhood, growing up on the Wadsworth hillside in the 1830s he wrote:

&ldquoThe weavers as a class were poor, but they had their good times, the dwellings being on rising ground where they got the early sunshine in its splendour and where the atmosphere was not fouled by the smoke of the factory. There was no bell to ring them up at four or five o&rsquoclock in the morning nor again at noon, nor were they bound to stay late at night there was freedom to start and stay away as they cared.&rdquo

&ldquoThe later years of the forties were a very acute time for handloom weavers. Our house was on the spur of the hill, and towards the south, from it we could see the whole countryside and the village of Heptonstall to the west, the farmsteads and cottages about them to the north - west with here and there an occasional row of cottages. The summer&rsquos sun would shed its genial rays on the patches of corn fields, nearly all oats. The same sun in winter just before setting, shone over the snow and the wide expanse. Then there was the clear cold frost clear from the fog of the valleys, and the reflection from the windows of the weavers&rsquo cottages were much brighter than the brightest electric light in our large towns nowadays, but it was a time to make the flesh tingle and hunger to feel all the keener. The same windows which used to be lighted after dark from within were now in darkness, and many of the houses unoccupied, the hand wool comber and the handloom weaver are not there. In the walks that one might take in the lanes and footpaths, old faces are not to be met. The old families are not known, nor have been for some time. The sound of song and the shuttle is departed.&rdquo

From Joseph Greenwood, Reminiscences of Sixty years ago, 1909.

However, the poverty of the handloom weavers became of national concern. The handloom weavers tried to say that their jobs were safeguarded by statutes dating from Tudor times, but mill owners argued that these laws were archaic. Parliament appointed a Select Committee in 1803 and again in 1806 to investigate the issues and in 1909 the Govt. repealed all the old legislation. The age of the mill and factory system had won.
This change from cottage based to mechanised, mill based industry changed the whole social and cultural way of life.

Peel says of the working class before the repeal of the Corn Laws,
"Oatcake was then the 'staff of life' and oatmeal porridge an article of constant and universal consumption once a day at least, often twice, and not infrequently three times. Butchers' meat was a luxury in which they could seldom indulge, and then only to a very limited extent. Manufacturers everywhere were availing themselves of the many wonderful inventions that were being brought out for cheapening labour, and as the new machinery threw thousands out of employment when extensively introduced, the poor, misguided wretches, who could not understand how that could be a benefit which deprived them of the means of earning a livelihood and reduced them to beggary, met in secret conclaves, and resolved in their ignorance to destroy them. Had they been better instructed, they would have known that it was their duty to lie down in the nearest ditch and die."

Several of the local mill-owning families were instrumental in standing up to the Govt when they tried to introduce the workhouse system. Up till then families in need were paid money from the Poor Relief by the Overseer of the Poor. It was felt by some that this deterred people from working and that people should be put into workhouses where conditions were deliberately kept poor. Several of the local mill owners, people of some standing in the area, were against this and refused to set up workhouses in the area, continuing to pay its own poor relief.

There was much trouble and constables and soldiers were sent in to seize goods from John Fielden of Todmorden, who led the defiance. He in turn then said he would close all his mills in protest, thus forcing 3000 people into the new workhouses.

Infantry were drafted in and Fielden eventually re opened his mills.


Handspinning in people&rsquos homes


Taking the finished cloth to market


Sheep plant as drawn by John Mandeville


Sheep plant &ndash also known as the Vegetable Lamb of Tartary


Later picture of handloom weaver &ndash at Bogg Eggs of Wadsworth


Making oatcakes

Pictures from
The Costume of Yorkshire, George Walker
George Walker, a son of gentry, was born in 1781 near Leeds. His series of forty colored engravings depicting life in Yorkshire accompanied by text was first published as The Costume of Yorkshire in 1814.


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