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¿Cuál es la razón oficial de Rusia para invadir Crimea?

¿Cuál es la razón oficial de Rusia para invadir Crimea?

Tengo problemas para encontrar la razón oficial de Rusia para invadir la región de Crimea en Ucrania. Si mi memoria no me falla, ¿no cambiaron la razón a la mitad de la invasión?


En ese momento, no se dio ninguna razón, por el simple hecho de que Rusia no lo estaba haciendo abiertamente. Las tropas rusas que se utilizaban para tomar el control de puntos estratégicos (incluido el parlamento de Crimea) en la región de Crimea de Ucrania no estaban identificadas y los lugareños las llamaban "hombrecitos verdes".

La línea oficial rusa en este momento era que los hombrecitos verdes debían ser locales, y si sus armas eran rusas, debían haberlas robado. Esta siguió siendo la historia hasta que un referéndum bajo el control militar de las tropas rusas demostró que los crimeos locales amaban a Rusia y querían unirse.

El referéndum en cuestión tuvo lugar el 16 de marzo y, un mes después, Putin admitió que se habían utilizado las fuerzas especiales rusas para permitir que ese referéndum se llevara a cabo.

El jueves, cuando se le preguntó acerca de los soldados ampliamente conocidos como los hombres verdes, Putin reconoció que eran rusos. Su presencia había sido necesaria, dijo, para mantener el orden y que los crimeos pudieran decidir su futuro en un referéndum.

“No queríamos tanques, unidades de combate nacionalistas o personas con opiniones extremas armadas con armas automáticas”, dijo. "Por supuesto, los militares rusos respaldaron a las fuerzas de autodefensa de Crimea".


Rusia no invadió Ucrania debido a la 'debilidad' de Estados Unidos

casa Blanca

Uno de los puntos de conversación políticos más vívidos que surgieron de Washington en medio de las incursiones militares de Rusia en Ucrania es que el presidente ruso Vladimir Putin llevó a cabo acciones tan provocativas porque Obama no hizo cumplir su "línea roja" sobre Siria y comenzó con un bombardeo. La campaña del otoño pasado le indicó a Putin que no enfrentaría consecuencias.

"Realmente creo que cuando Vladimir Putin mira alrededor del mundo, ve lo que sucedió en Siria cuando la línea roja se volvió rosa y el presidente no actuó", dijo el senador republicano John McCain a CNN, "creo que está envalentonado y está actuando".

los Wall Street JournalDe manera similar, lo atribuye a la "debilidad occidental", argumentando que "no es una coincidencia que Putin se afirmara en Ucrania poco después de que Obama se retirara de manera humillante de su 'línea roja' en Siria".

La verdad es que cualquiera que realmente crea que Putin tomó una acción militar en Ucrania porque Obama se retractó de sus planes de bombardear Siria ilegalmente, no sabe nada sobre las relaciones internacionales.

En primer lugar, el paralelo más inmediato a la ocupación rusa de Crimea, la península semiautónoma de Ucrania, es la acción militar de Rusia en 2008 en Georgia, otro estado exsoviético que se inclinaba demasiado hacia el oeste para la comodidad de Moscú. Tras violentas escaramuzas, las fuerzas rusas ocuparon las provincias separatistas de Osetia del Sur y Abjasia de Georgia.

Esto sucedió durante la administración de George W. Bush, que estaba tan dispuesta a usar la fuerza militar que invadió Irak con pretextos inventados y violando el derecho internacional. Si Moscú estuviera siguiendo sus indicaciones basándose en la voluntad de Washington de usar la fuerza, seguramente se habría reprimido en Georgia por temor a represalias por parte de la administración Bush.

Siempre que Estados Unidos no actúa con violencia en el extranjero —una rareza, fíjate—, hay políticos y expertos que se quejan de que está en juego la "credibilidad" de Estados Unidos. Si otros países nos ven retroceder, se piensa, no temerán como es debido al poder de Estados Unidos y, por lo tanto, no tendrán límites en sus acciones.

En realidad, la literatura de ciencia política técnica ha descartado en gran medida el argumento de la "credibilidad". "Hay poca evidencia que respalde la opinión de que el historial de cumplimiento de los compromisos por parte de los países determina su credibilidad", escriben dos académicos que han estudiado el concepto.

"La creencia ilusoria de la capacidad de Estados Unidos para moldear, apalancar, influir, influir, dirigir o controlar eventos extranjeros está muy extendida dentro de la comunidad de política exterior de Washington", escribe Micah Zenko, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores. "Su implicación directa es que siempre que las cosas vayan mal en cualquier otro lugar de la tierra, debe ser culpa de Estados Unidos".

Obama, de hecho, trazó tontamente una "línea roja" para el régimen sirio de Bashar al-Assad: si se usaran armas químicas en su guerra civil, prometió, Estados Unidos usaría la fuerza militar en Siria.

Pero cuando parecía que se había cruzado la línea roja, el presidente se encontró atrapado en una caja de su propia fabricación. Cuando la administración comenzó a prepararse para la guerra, los aliados de Estados Unidos no apoyaron, el pueblo estadounidense se opuso firmemente y parecía que el Congreso votaría en contra.

En otras palabras, si Obama hubiera cumplido su promesa de bombardear Siria, la acción no habría tenido legitimidad internacional ni consentimiento del Congreso. De hecho, habría sido un crimen de guerra según el derecho internacional, que prohíbe el uso de la fuerza contra otro estado sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU o a menos que se anticipe a una amenaza inminente.

En todo caso, el absoluto desprecio de Estados Unidos por el derecho internacional da licencia a otros países poderosos, como Rusia, para comportarse de manera similar.

"Las medidas que ha tomado Rusia son una violación de la soberanía de Ucrania, la integridad territorial de Ucrania y el infierno, son una violación del derecho internacional", dijo el presidente Obama esta semana.

Vale la pena señalar que este fue exactamente el argumento que utilizó Putin para oponerse al plan de Obama de bombardear Siria. Incluso escribió un artículo de opinión en el New York Times advirtiendo que tal acción violaría la soberanía siria y el derecho internacional.

Rusia también utilizó este argumento cuando se opuso a la intervención militar de la administración Clinton en los Balcanes en 1999. Serbia, un aliado de Rusia, estaba sofocando un movimiento separatista en su provincia de Kosovo y, con el pretexto de prevenir la "limpieza étnica", Estados Unidos. bombardeó Serbia sin la autorización de la ONU y sin la justificación de la legítima defensa.

Y, por supuesto, está la invasión estadounidense de Irak, que es un ejemplo modelo de la más clara violación del derecho internacional. Encaja en la descripción de lo que un juez del Tribunal de Nuremberg llamó "el crimen internacional supremo, diferenciándose sólo de otros crímenes de guerra en que contiene en sí mismo el mal acumulado del conjunto".

Si Estados Unidos burla el derecho internacional como una cuestión de rutina, ¿cómo puede entonces dar la vuelta y condenar a Rusia por sus propias acciones militares ilegales?


Por qué Putin tomó Crimea

La toma del presidente ruso Vladimir Putin de la península de Crimea de Ucrania a principios de 2014 fue la decisión más trascendente de sus 16 años en el poder. Al anexionarse por la fuerza el territorio de un país vecino, Putin anuló de un solo golpe los supuestos sobre los que se había basado el orden europeo posterior a la Guerra Fría.

La pregunta de por qué Putin dio este paso tiene un interés más que histórico. Comprender sus motivos para ocupar y anexar Crimea es crucial para evaluar si tomará decisiones similares en el futuro, por ejemplo, enviar tropas para "liberar" a los rusos étnicos en los estados bálticos, al igual que es clave para determinar qué medidas podría tomar Occidente. tomar para disuadir tales acciones.

Han surgido tres interpretaciones plausibles del movimiento de Putin. La primera, llamémosla "Putin como defensor", es que la operación de Crimea fue una respuesta a la amenaza de una mayor expansión de la OTAN a lo largo de la frontera occidental de Rusia. Con esta lógica, Putin se apoderó de la península para evitar dos posibilidades peligrosas: primero, que el nuevo gobierno de Ucrania podría unirse a la OTAN, y segundo, que Kiev podría desalojar a la Flota del Mar Negro de Rusia de su base de larga data en Sebastopol.

Una segunda interpretación —llamada “Putin como imperialista” - proyecta la anexión de Crimea como parte de un proyecto ruso para recuperar gradualmente los antiguos territorios de la Unión Soviética. Putin nunca aceptó la pérdida del prestigio ruso que siguió al final de la Guerra Fría, sugiere este argumento, y está decidido a restaurarlo, en parte expandiendo las fronteras de Rusia.

Una tercera explicación, “Putin como improvisador”, rechaza diseños tan amplios y presenta la anexión como una respuesta concebida apresuradamente a la caída imprevista del presidente ucraniano Viktor Yanukovych. La ocupación y anexión de Crimea, desde este punto de vista, fue una decisión impulsiva con la que se tropezó Putin en lugar del movimiento cuidadoso de un estratega con ambiciones geopolíticas.

Durante los últimos dos años, Putin pareció apoyar las tres interpretaciones. Ha sugerido que la adhesión de Ucrania a la OTAN habría sido intolerable y también ha afirmado que la historia de Crimea ha hecho de la región "una parte inseparable de Rusia", "saqueada" del país después de la desintegración de la Unión Soviética. Sin embargo, Putin también me dijo, en una recepción en Sochi en octubre de 2015, que la operación para apoderarse de la península fue "espontánea" y "no en absoluto" planeada con mucha antelación. (Las otras explicaciones de Putin para la intervención, que la ordenó para proteger a la población rusa de Crimea de los nacionalistas ucranianos y respetar el derecho de Crimea a la autodeterminación, deberían tomarse menos en serio, ya que la amenaza nacionalista en Crimea fue en gran parte inventada y desde que Putin había mostró poco interés en la autodeterminación de la península durante la mayor parte de sus 14 años anteriores en el poder).

Entonces, ¿qué fue la anexión, una reacción a la expansión de la OTAN, un acto de agresión imperial o una respuesta improvisada a una crisis inesperada? La verdad puede involucrar elementos de más de una teoría, y algunos de los detalles siguen sin conocerse. Sin embargo, la información que ha surgido en los últimos dos años y los conocimientos de entrevistas recientes en Moscú sugieren algunas conclusiones importantes: la toma de Crimea por parte de Putin parece haber sido una táctica improvisada, desarrollada bajo presión, que fue provocada por el temor de perder la estrategia de Rusia. base naval en Sebastopol.

La ampliación de la OTAN sigue siendo un punto delicado para los líderes rusos, y algunos en el Kremlin ciertamente sueñan con restaurar la grandeza perdida de Rusia. Sin embargo, la forma caótica en que se desarrolló la operación en Crimea contradice cualquier plan concertado de revancha territorial. Aunque esto pueda parecer tranquilizador al principio, de hecho presenta un desafío formidable para los funcionarios occidentales: en Putin, deben enfrentarse a un líder que es cada vez más propenso a hacer apuestas arriesgadas y a aprovechar las ventajas tácticas a corto plazo con poca preocupación aparente por el largo plazo. estrategia.

¡NATO NYET!

Considere primero la idea de que Putin ordenó la toma de Crimea para evitar el cerco militar de Rusia por parte de la OTAN. Está claro que ampliar la OTAN sin hacer más que intentos simbólicos de integrar Rusia ayudó a envenenar la relación entre Moscú y Occidente durante las últimas dos décadas, al igual que es bien sabido que los líderes de Rusia están decididos a evitar que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN. Pero eso no significa que resistirse a la expansión de la OTAN fue lo que motivó a Putin en este caso.

El mayor problema con la teoría de que Putin se apoderó de Crimea para evitar que Ucrania se uniera a la OTAN es que Ucrania no se dirigía hacia la membresía en la OTAN cuando Putin atacó. En 2010, en gran parte para mejorar las relaciones con Rusia, el gobierno de Yanukovych aprobó una ley que prohíbe a Ucrania participar en cualquier bloque militar. En los años siguientes, Kiev se conformó con asociarse con la alianza, participando en algunos de sus ejercicios militares y contribuyendo con un barco a las operaciones antipiratería de la OTAN, un resultado que Rusia pareció aceptar. De hecho, cuando Putin, justificando la intervención en marzo de 2014, afirmó que había "escuchado declaraciones de Kiev acerca de que Ucrania pronto se uniría a la OTAN", excluyó un detalle importante: todas las declaraciones públicas recientes en ese sentido de los políticos ucranianos se habían producido solo después de que Rusia ya habían aparecido tropas en Crimea.

Incluso si los funcionarios ucranianos hubieran querido unirse a la OTAN después de la expulsión de Yanukovych, la alianza no iba a dejar entrar al país. Putin ya había ganado esa batalla en una cumbre de la OTAN en 2008, cuando la alianza había optado por no seguir adelante con Ucrania o Georgia. afiliación. Funcionarios británicos, franceses y alemanes habían argumentado que los dos países seguían siendo demasiado inestables como para encaminarse hacia la adhesión a la alianza y que hacerlo también antagonizaría innecesariamente a Moscú. Aunque la OTAN no descartó la eventual adhesión de Ucrania, la canciller alemana Angela Merkel siguió oponiéndose a los pasos prácticos en esa dirección, y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a diferencia de su predecesor, George W. Bush, no tomó ninguna medida para promover la membresía de Kiev. Es más, en octubre de 2013, pocos meses antes de la anexión de Crimea por parte de Rusia, Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, anunció inequívocamente que Ucrania no se uniría a la alianza en 2014. Había pocas razones para esperar que eso cambiara pronto.

Por supuesto, Putin podría haber creído lo contrario. Sin embargo, si ese fuera el caso, probablemente habría planteado el problema a los líderes occidentales. Parece que no lo ha hecho, al menos no con Obama, según Michael McFaul, quien se desempeñó como asistente especial del presidente en Rusia de 2009 a 2012 y como embajador de Estados Unidos en Moscú desde 2012 hasta principios de 2014. Durante ese período, McFaul Estuvo presente en todas menos una de las reuniones entre Obama y Putin o Dmitry Medvedev, quien se desempeñó como presidente de Rusia de 2008 a 2012 mientras se desempeñaba en Washington, McFaul también escuchó todas las conversaciones telefónicas que Obama tuvo con cualquiera de los líderes rusos. En un discurso el año pasado, McFaul dijo que no podía "recordar una vez que surgió el tema de la expansión de la OTAN" durante ninguno de esos intercambios.

Si el objetivo de Putin era evitar el cerco militar de Rusia, su agresión en Ucrania ha sido un tremendo fracaso, ya que ha producido exactamente el resultado opuesto. En gran parte para disuadir lo que percibe como una creciente amenaza rusa, la OTAN ha profundizado su presencia en Europa del Este desde la intervención de Moscú, creando una fuerza de reacción rápida de 4.000 soldados que rotarán entre Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Rumanía y estacionando cuatro buques de guerra en el Mar Negro. En febrero, la Casa Blanca reveló planes para más que cuadriplicar el gasto militar estadounidense en Europa.

En enero pasado, le pregunté a una fuente cercana a Oleg Belaventsev, el comandante de la operación militar rusa en Crimea, si a los funcionarios rusos les preocupaba que Ucrania se uniera a la OTAN en los meses anteriores a la intervención. "No tenían miedo de que Ucrania se uniera a la OTAN", respondió la fuente. "Pero definitivamente estaban preocupados de que los ucranianos cancelaran el arrendamiento [ruso] de [la base naval en] Sebastopol y echaran a la Flota del Mar Negro".

Esto parece plausible, dado que la Flota del Mar Negro es crucial para la capacidad de Rusia de proyectar fuerza en los mares Negro y Mediterráneo y dado que muchos de los líderes de la oposición de Ucrania habían criticado a Yanukovych por extender el contrato de arrendamiento de Moscú en la base. Sin embargo, si asegurar la base era la principal preocupación de Putin, como parece probable, el enigma es por qué eligió una estrategia tan arriesgada. Con un contingente de alrededor de 20.000 tropas bien armadas en Crimea y una población mayoritariamente prorrusa en la península, a Ucrania le habría resultado difícil desalojar a Rusia de Sebastopol y, en el pasado, Moscú siempre había encontrado formas de proteger sus intereses. en la región sin usar la fuerza. Anexar el territorio —a costa del aislamiento internacional, las sanciones económicas, la revitalización de la OTAN y la alienación de la mayoría de la población ucraniana— parece una reacción extrema a una amenaza manejable. Antes de la operación en Crimea, las decisiones de Putin generalmente podían racionalizarse en términos de costos y beneficios, pero desde entonces, su cálculo de política exterior ha sido más difícil de descifrar.

DELIRIOS IMPERIALES?

Para aquellos que ven a Putin como un imperialista, los movimientos de Rusia en Crimea son fáciles de explicar. Después de todo, Putin ha caracterizado notoriamente el colapso de la Unión Soviética como "la mayor catástrofe geopolítica del siglo", ha afirmado que "Ucrania ni siquiera es un estado" y tiene un historial de intromisión en países de la periferia de Rusia. En 2008, el mismo año en que los tanques rusos entraron en Georgia para proteger los enclaves separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, los funcionarios rusos distribuyeron pasaportes rusos a los residentes de Crimea, creando un pretexto aparente para una invasión en su defensa.

Otras señales más específicas también parecen mostrar que Moscú se estaba preparando para apoderarse de Crimea en los seis meses previos a la caída de Yanukovych. Vladislav Surkov, un asesor senior de Putin, visitó repetidamente Kiev y Simferopol, la capital de Crimea, en el otoño y el invierno de 2013-14, en parte para promover la construcción de un puente a través del Estrecho de Kerch para conectar el sur de Rusia y Crimea, un aspecto esencial Enlace de transporte en caso de anexión. Casi al mismo tiempo, equipos de policías rusos y agentes del servicio secreto fueron vistos en Kiev.

Mientras tanto, Vladimir Konstantinov, presidente del parlamento de Crimea, realizaba frecuentes viajes a Moscú. En una de esas visitas, en diciembre de 2013, según el periodista ruso Mikhail Zygar, se reunió con Nikolai Patrushev, el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia y el principal funcionario de seguridad del Kremlin. Según el informe de Zygar, Patrushev estaba "gratamente sorprendido" al enterarse de Konstantinov que Crimea estaría lista para "ir a Rusia" si Yanukovych era derrocado. Justo antes de la intervención de Rusia, Konstantinov estaba de regreso en Moscú, reuniéndose con altos funcionarios.

Otra evidencia también sugiere un complot ruso de larga data para adquirir la península. En febrero de 2014, según el diario Novaya Gazeta, un memo que circuló en el poder ejecutivo de Rusia proponía la anexión de Crimea y otras partes del este de Ucrania si Yanukovych caía. Con Yanukovych desaparecido, sugería el memorando, Ucrania se dividiría en partes occidentales y orientales, y la UE se tragaría occidente. Moscú tendría que promover rápidamente referendos sobre la cuestión de la anexión rusa en las regiones prorrusas del este del país.

Sin embargo, en un examen más detenido, la teoría de que Putin había tenido la intención de tomar Crimea durante mucho tiempo no se sostiene del todo. Considere los frecuentes viajes de Surkov a la península. Lo que el asesor de Putin discutió con los líderes locales en estas visitas sigue siendo desconocido. Sin embargo, si Surkov se estaba preparando para la anexión de la región, el próximo movimiento de Putin parece extraño. En lugar de enviar a Surkov a Simferopol para supervisar la intervención de Rusia, Putin lo sacó del caso a fines de febrero. Surkov aparentemente pasó la mayor parte de marzo en Moscú, con suficiente tiempo libre para asistir a la inauguración de una galería e incluso tomarse unas vacaciones en Suecia con su esposa. Zygar ha sugerido que la verdadera misión de Surkov en Ucrania no había sido prepararse para la anexión de Crimea, sino mantener a Yanukovych en el poder, una tarea en la que fracasó, para gran disgusto de Putin. En cuanto a la policía y los equipos de los servicios secretos vistos en Kiev, su función probablemente aconsejaría al personal de Yanukovych sobre cómo aplastar las protestas antigubernamentales en la capital, si hubieran estado planeando una operación en Crimea, los hubieran enviado allí.

De hecho, muchos detalles que al principio parecen indicar una cuidadosa preparación rusa en realidad apuntan a la ausencia de un plan de larga data. Por ejemplo, si Moscú realmente hubiera estado planeando la anexión de Crimea, no se habría limitado a discutir un puente sobre el estrecho de Kerch con los funcionarios ucranianos, sino que habría construido uno. En cambio, las negociaciones se habían prolongado durante más de diez años, y entre 2010, cuando Yanukovych y Medvedev acordaron construir el puente, y 2014, Rusia ni siquiera logró completar un estudio de viabilidad para el proyecto.

Que un documento tan especulativo como el memo pro-anexión revelado por Novaya Gazeta circulaba menos de un mes antes de la operación, mientras tanto, sugiere que Putin no había adoptado un plan concreto para febrero de 2014. ¿Y por qué Patrushev, un alto funcionario y, según se informa, uno de los más firmes partidarios de la intervención en Ucrania, se "sorprendió" al escuchar que la élite de Crimea aprobaría la anexión? Si el Kremlin hubiera estado contemplando una ocupación, Patrushev habría visto informes de inteligencia en ese sentido en el momento de su reunión con Konstantinov en diciembre de 2013.

De hecho, hasta poco antes de que sucediera, parece que Putin no esperaba que Yanukovych cayera del poder. Si lo hubiera hecho, probablemente habría encontrado algún pretexto para posponer el desembolso de un préstamo de $ 3 mil millones que Rusia había prometido al gobierno de Yanukovych en diciembre de 2013. No lo hizo, por supuesto, y el nuevo gobierno de Ucrania no cumplió con el préstamo en diciembre de 2015. Como me dijo el consultor político y ex funcionario del Kremlin Aleksei Chesnakov, "No es el estilo de Putin hacer tales regalos".

IMPROVISANDO

La evidencia más clara en contra de un plan consistente de expansión territorial es la forma caótica en la que se desarrolló la intervención de Crimea. Aunque el componente militar de la operación se desarrolló sin contratiempos, sus aspectos políticos revelaron en ocasiones una falta de preparación casi ridícula.

Putin ha dicho que primero dio instrucciones a sus ayudantes para que "comenzaran a trabajar para devolver Crimea a Rusia" en la mañana del 23 de febrero, después de que Yanukovych huyera de Kiev. De hecho, según la fuente cercana a Belaventsev, el comandante de la operación de Crimea, Moscú puso en alerta a las fuerzas especiales rusas en la ciudad portuaria de Novorossiysk y en la base de la Flota del Mar Negro en Sebastopol el 18 de febrero, cuando la violencia estalló entre manifestantes policiales y antigubernamentales en Kiev. Dos días después, el 20 de febrero, las tropas rusas recibieron una orden de Putin para bloquear las instalaciones militares ucranianas en Crimea y evitar el derramamiento de sangre entre grupos pro-rusos y pro-Kiev que protestaban en la península. Pero no empezaron a hacerlo hasta el 23 de febrero, dos días después de que Yanukovych abandonara Kiev. En otras palabras, los primeros pasos de la operación parecen haber sido provisionales: Putin podría haber cancelado la misión si el acuerdo que Yanukovych firmó con los líderes de la oposición y los ministros de Relaciones Exteriores de la UE el 21 de febrero para celebrar elecciones anticipadas se hubiera mantenido.

Belaventsev llegó a Crimea el 22 de febrero, según la fuente. Belaventsev, un antiguo asistente del ministro de Defensa ruso Sergei Shoigu, no estaba familiarizado con la escena política de Crimea y, después de consultar a los lugareños, persuadió al primer ministro en funciones, un impopular designado por Yanukovych, para que renunciara. Para reemplazarlo, Belaventsev eligió a un anciano comunista, Leonid Grach, conocido en Moscú desde la era soviética.

Lo que Belaventsev no sabía era que Grach había enajenado a la mayoría de los agentes del poder de Crimea a lo largo de los años, un descuido que Konstantinov, el líder del parlamento de Crimea, dejó claro a Belaventsev después de que ya le había ofrecido el puesto a Grach. Para su vergüenza, Belaventsev tuvo que llamar a Grach para rescindir la oferta del cargo de primer ministro solo un día después de haberla hecho. Para encabezar el gobierno regional, Belaventsev se dirigió luego a Sergei Aksyonov, un hombre de negocios local pro-ruso y ex boxeador conocido por los lugareños por el apodo del inframundo "Goblin".

Aún más sorprendente, en los días que siguieron, el Kremlin pareció no saber qué quería hacer con Crimea. El 27 de febrero, el parlamento de la región votó a favor de celebrar un referéndum el 25 de mayo para preguntar a los residentes si estaban de acuerdo en que Crimea era “un estado autosuficiente y. . . es parte de Ucrania sobre la base de tratados y acuerdos ”, es decir, si pensaban que la región debería tener una mayor autonomía pero permanecer en Ucrania. Una semana después del inicio de la operación, Putin aún no se había decidido por la anexión.

El 1 de marzo, el parlamento de Crimea reprogramó el referéndum del 25 de mayo al 30 de marzo. Luego, el 6 de marzo, los diputados adelantaron la fecha en otras dos semanas, y esta vez reescribieron la pregunta del referéndum para preguntar si los residentes apoyaban la unificación de Crimea con Rusia en lugar de si apoyaban la autonomía dentro de Ucrania.

¿Por qué Putin elevó las apuestas del referéndum de la autonomía a la anexión? Una de las razones fue la presión de los líderes pro-rusos de Crimea, incluido Konstantinov, que temía terminar en un estado semi-reconocido como Abjasia u Osetia del Sur, rechazado por Ucrania y Occidente y demasiado pequeño para prosperar económicamente. Más importante aún, después de haber desplegado fuerzas rusas en toda la península, Putin se encontró atrapado. Simplemente retirarse, permitir que las tropas ucranianas retomaran Crimea y enjuiciar a los partidarios de Moscú allí, lo habría hecho parecer intolerablemente débil, y después del regreso del control ucraniano, Kiev bien podría haber cancelado el arrendamiento de Rusia sobre la base naval en Sebastopol. La única forma en que Rusia podría haberse retirado con seguridad de Crimea habría sido si Occidente hubiera reconocido como legítimo un eventual voto a favor de la autonomía de Crimea y hubiera persuadido al gobierno ucraniano de que lo respetara. Los líderes occidentales, indignados por la invasión de Rusia, habían dejado claro que no harían nada por el estilo.

Que Moscú respaldara la mera autonomía de la península sin el apoyo occidental habría sido peligroso, ya que Rusia habría tenido que defender al gobierno prorruso de Crimea contra cualquier intento de Kiev de utilizar las 22.000 tropas ucranianas estacionadas allí para restablecer el orden. Si, por el contrario, Rusia hubiera optado por expulsar a las fuerzas ucranianas y defender la región contra una contraofensiva, habría despertado casi tanta hostilidad en Occidente como lo haría si tomara el control del territorio directamente. El 4 de marzo, incapaz de encontrar una estrategia de salida viable, el Kremlin había decidido la anexión.

SOBRE S'ENGAGE, ET PUIS. . .

Toda esta improvisación hace que sea difícil ver la intervención de Rusia en Crimea como parte de un proyecto expansionista sistemático. Cualquier imperialista medio competente habría sabido a quién designar como sátrapa local después de la invasión y ya habría elegido si ofrecer a los residentes un referéndum sobre la autonomía o la anexión. Y un revanchista decidido se habría asegurado de construir un puente hacia el territorio objetivo, en lugar de desperdiciar diez años en discusiones infructuosas.

Esto no quiere decir que no haya facciones en el Kremlin con apetitos imperiales. El propio Putin puede compartir esos impulsos. También es cierto que los líderes de Rusia detestan la ampliación de la OTAN y la explotan como punto de reunión retórico. Sin embargo, tales apetitos e inquietudes no habían encajado en ningún plan coherente para una invasión de Crimea. Hasta poco antes de que atacaran los comandos de Putin, el Kremlin había estado preocupado por los acontecimientos en Kiev.

Si la principal preocupación de Putin era el control de Moscú sobre Sebastopol, esto sugiere varios puntos importantes. Primero, el desastroso giro en las relaciones entre Rusia y Occidente durante los últimos dos años podría haberse evitado si los funcionarios ucranianos, así como los líderes de la oposición y sus patrocinadores occidentales, hubieran prometido constantemente respetar el acuerdo que extendió el arrendamiento de Rusia sobre la base hasta el próximo año. 2040. Sin duda, este acuerdo fue muy impopular en Ucrania. Pero si los ucranianos hubieran sabido que la alternativa sería la pérdida de Crimea y una guerra sangrienta en el este del país, podrían haberse conformado con la indignidad de albergar a las fuerzas de una potencia extranjera.

A continuación, sugiere que Putin se ha mostrado dispuesto en los últimos años a asumir importantes riesgos estratégicos para contrarrestar amenazas aparentemente limitadas y manejables a los intereses rusos. Al desplegar fuerzas especiales en Crimea sin planificar el futuro político de la región, Putin demostró que no es solo un improvisador sino también un jugador. De hecho, alentado por los altos índices de aprobación interna que obtuvo su empresa, Putin ha seguido tirando los dados, apoyando a los separatistas prorrusos en Donetsk y Lugansk, bombardeando a los rebeldes antigubernamentales en Siria y escalando una confrontación con Turquía por el derribo de un ruso. avión de combate en noviembre.

La importancia de Sebastopol en el caso de la intervención de Rusia en Crimea demuestra la necesidad de identificar con precisión los activos estratégicos clave de Rusia, como los ve Putin, si Occidente ha de anticipar sus movimientos en futuras crisis. Los estados bálticos no contienen bases rusas que puedan invitar a una intervención similar. En Siria, el puerto de Tartus, el único puesto de avanzada naval de Rusia en el Mediterráneo, es probablemente demasiado pequeño y está mal equipado para importar mucho, aunque el ejército ruso podría tener planes para expandirlo. Podría surgir una amenaza mayor si Turquía intentara cerrar los estrechos turcos, que conectan los mares Negro y Mediterráneo, a los barcos rusos. En virtud de la Convención de Montreux de 1936, Turquía tiene derecho a denegar el paso a través de estos estrechos a buques militares de países con los que está en guerra o en peligro inminente de conflicto. Si Ankara diera este paso, sería mucho más difícil para Rusia brindar apoyo naval a operaciones militares en el Mediterráneo y Oriente Medio, como su reciente intervención en Siria, y eso podría provocar una respuesta rusa furiosa y posiblemente desproporcionada. El hecho de que tanto Putin como el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, tengan que parecer fuertes a nivel internacional por razones políticas internas, hace que el antagonismo entre ellos sea alarmante, por lo que los líderes occidentales deberían dejar en claro a Ankara que no apoyarían el cierre del estrecho si las tensiones entre Rusia y Turquía aumentaran aún más.

La reciente inclinación de Putin por las apuestas de alto riesgo puede resultar aún más difícil de manejar para los líderes occidentales que una política de expansionismo constante. Un imperialista racional puede ser contenido, pero la respuesta adecuada a un jugador que toma decisiones rápidas basadas en factores de corto plazo es menos clara. Tanto en Crimea como en Siria, Putin ha tratado de explotar la sorpresa, moviéndose rápidamente para cambiar los hechos sobre el terreno antes de que Occidente pudiera detenerlo. Al reaccionar con valentía a las crisis, crea otras nuevas para Rusia y el mundo.


Las fuerzas rusas amplían el control de Crimea

SEVASTOPOL, Ucrania - El asediado gobierno de Kiev dijo el lunes por la noche que las fuerzas rusas habían intensificado drásticamente el enfrentamiento entre las dos naciones al dar al ejército y la marina de Ucrania en Crimea un contundente ultimátum: prometer lealtad al nuevo liderazgo pro-Rusia de la región o ser forzado por Rusia para presentar.

Un portavoz de la Flota rusa del Mar Negro, que está atracado en el puerto de Sebastopol en Crimea, negó que se hubiera hecho una amenaza, y el Ministerio de Defensa de Rusia calificó la acusación de "una absoluta tontería". Pero cuando las tropas y los buques de guerra rusos rodearon las instalaciones de seguridad ucranianas en toda la península autónoma de Crimea, quedó claro que las fuerzas ucranianas creían que se enfrentaban a una amenaza inminente.

Early Tuesday, in a sign that he might be trying to diffuse tensions, or that he has accomplished what he wants in Crimea, Russian President Vladimir Putin ordered troops conducting military exercises near Ukraine in Western Russia to return to their bases, according to Russian news agencies. The military exercises were scheduled to end today.

The standoff in Crimea continued.

There were several reports that a pro-Russian fighter who had taken control of an air base in Crimea fired a warning shot into the air Tuesday as Ukrainian soldiers returned to demand their jobs back at the Belbek airport.

A Ukrainian Defense Ministry official alleged that Russia’s Black Sea Fleet commander had set a deadline of 5 a.m. Tuesday — 10 p.m. Monday Eastern time — for Ukrainian forces to capitulate, according to the Interfax-Ukrainian news agency. There were no immediate reports of activity after the deadline passed.

The stepped-up Russian troop movements came two days after Russia’s parliament approved the use of force to protect the country’s citizens and military sites in Crimea, a region with deep ties to Russia. The actions on Monday triggered a cascade of condemnation from European and American officials, who vowed that Russia would face consequences if it did not pull back its soldiers.

President Obama said Moscow was “on the wrong side of history” and threatened “a whole series of steps — economic, diplomatic — that will isolate Russia and will have a negative impact on Russia’s economy and its status in the world.”

Here in the deep-water harbor at Sevastopol, a Ukrainian naval command ship was confronted Monday evening by four tugboats flying Russian colors and was boxed in by a Russian minesweeper. Other Russian warships appeared at the mouth of the harbor to block an escape to the sea. A nearby Ukrainian naval station flew a Russian flag.

As the anxious wives of officers on the Ukrainian ship watched from shore, its crew rushed about in what appeared to be an attempt to repel potential boarders. The sailors — who carried side arms and military assault rifles — fixed mattresses to the railings, uncoiled fire hoses and brought firefighting equipment on deck.

On Monday night, the Russian Black Sea Fleet ordered the crew members to lay down their arms and leave the ships, according to the UNIAN news agency, quoting a Ukrainian military source.

Ukrainian officials expressed fears that the tensions could lead to violence overnight, which could give Russia reason to justify military action.

“Provocations with killing of three to four Russian soldiers are planned on the territory of Crimea tonight,” said Ukrainian Deputy Interior Minister Mykola Velichkovych, the ministry’s press service reported. Speaking to the Russians, Velichkovych said: “We call on you to come to your senses. We call on you to stop.”

Ukraine’s acting president, Oleksandr Turchynov, said Monday that he had been in communication with Ukraine’s military commanders in Crimea and that they assured him they would not yield to the Russians, according to the UNN news agency of Ukraine.

Western diplomats pressed Russia to pull back. In an interview with the BBC, British Foreign Secretary William Hague, who was in Kiev, said the Russian intervention in Crimea has produced “a very tense and dangerous situation” that amounts to Europe’s “biggest crisis” in the 21st century.

“The world cannot just allow this to happen,” said Hague, whose American counterpart, Secretary of State John F. Kerry, was due in Kiev on Tuesday.

French Foreign Minister ­Laurent Fabius said the European Union would have an emergency summit Thursday and take action against Russia if it has not sent troops back to their barracks in the Crimea by then.

But the Western threats appeared to have made little impact on Russia by Monday night. Speaking in Geneva, Russian Foreign Minister Sergei Lavrov justified the Russian troop deployment as necessary to protect Russians living in Crimea “until the normalization of the political situation” in Ukraine, where months of protests led to the ouster of pro-Russian President Viktor Yanukovych last month.

Russian forces, already in control of much of Crimea, took possession of a ferry terminal in Kerch, in the eastern part of the peninsula just across a strait from Russian territory, according to reports from the area. The terminal serves as a departure point for many ships headed to Russia and could be used to send more Russian troops into Crimea.

Ukrainian news media reported that a representative of Russia’s Black Sea Fleet also called on members of Ukraine’s Aviation Brigade at an air base in Belbek to denounce the Ukrainian government’s authority and swear allegiance to the new Crimean government. By nightfall, the Ukrainian aviators were still on their base.

In the capital, Ukraine’s interim prime minister, Arseniy Yatsenyuk, urged the West to provide political and economic support as the Kiev stock market dropped a record 12 percent and the Ukrainian hryvnia fell to new lows against the dollar and euro. The crisis also caused the Moscow market to fall 10 percent and the Russian ruble to dive.

Yatsenyuk stressed that Crimea remained part of Ukraine, but he conceded that there were “for today, no military options on the table.”

Obama administration officials said Russia now has 6,000 troops in Crimea. Ukraine’s ambassador to the United Nations said Monday that 16,000 additional Russian troops had been deployed to Crimea in the past six days. Military experts estimate that the size of the Ukrainian military in Crimea is about 30,000, but many of those are support staff.

Ukraine’s military, at an estimated 130,000 troops, is a considerably larger force than the small and poorly armed Georgian military that the Russians were able to intimidate in 2008, when those two countries went to war over breakaway territory.

But while Ukrainian troops have held firm and refused to open their gates, they are in an increasingly precarious position, “with no way out and no one to rescue them,” a specialist on military affairs in Eurasia said, speaking on the condition of anonymity because he is prohibited by his employer from talking to the news media without permission.

“The Russian troops surrounding them are clearly well-trained special forces, well-disciplined enough that they managed to box up the Ukrainian forces without firing a shot,” the specialist said.

But some military experts said that despite appearances, they doubt that Russia is eager for a fight that might carry a steep price. Even in eastern Ukraine, where Russian is the predominant language, an incursion by Moscow could unify the divided country, said Dmitry Gorenburg, a senior research scientist at the Center for Naval Analyses in Alexandria, Va.

“They are certainly more pro-Russian and Russian speaking” in the east, he said, “but that doesn’t mean that they don’t have a Ukrainian national identity, especially when they are attacked. It is hard to imagine a course of action on the part of Russia that could have done more to unify Ukraine than what has been done.”

The Ukrainian military has no obvious fault lines, no ethnic or regional differences, that might make it vulnerable to defection and dissension.

At the same time, individual loyalties are unknown. If Yanukovych were to appoint himself head of a government in exile, he might be able to call in old favors from among officers. Like other institutions in Ukraine, the military has been beset by corruption, which could mean officers might be beholden to people other than their superiors.

In Sevastopol, a Ukrainian admiral who defected to the side of the pro-
Russian Crimean government tried to persuade his fellow officers in a meeting Monday morning to join him. They refused.

As they did in Sunday’s standoff at a Ukrainian army base in Perevalne, armed Russian troops, demonstrating who was in charge, posted guards at the gates of the Ukraine naval station in Sevastopol as Ukrainian marines appeared to be trapped inside the base.

Englund reported from Kiev. Kathy Lally in Moscow and Greg Jaffe in Washington contributed to this report.


Ukraine crisis: Why is Crimea so important to Russia?

With the peninsula seemingly now under complete Russian control, we take a look at why President Vladimir Putin has targeted the region - and what the rest of the world should be doing about it.

Why is Crimea so important to Russia?

Crimea is strategically important as a base for the Russian navy. The Black Sea Fleet has been based on the peninsula since it was founded by Prince Potemkin in 1783. The fleet’s strategic position helped Russia defeat Georgia in the South Ossetia war in 2008, and remains crucial to Russian security interests in the region.

What can Russia hope to gain in Crimea?

Crimea still has a 60 per cent Russian population. Relations have been tense between Russia and Ukraine since the peninsula formally became part of Ukraine after the fall of the Soviet Union in 1991. Last week Russia’s upper house of parliament approved the use of force in Crimea, and the country has since demanded Ukrainian forces in the region surrender.

Is anyone obligated to defend the region?

The Budapest Memorandum on Security Assurance was signed in 1994 by Ukraine, the United States, Britain and Russia, to protect Ukraine’s territory and sovereignty after its soviet nuclear weapons were removed. However, it is a diplomatic document rather than a formal treaty and its legality is complex. It is said to morally oblige signatories to intervene in the event that Ukraine is threatened, but it cannot be enforced.

Will Nato act?

Ukraine is not one of the 28 member countries, however Nato officials warned they would back the “inviolability of [Ukraine’s] frontiers”.

Will the United Nations act?

As a permanent member of the UN Security Council, Russia is likely to block any UN mission to the region. The council met in a closed doors emergency session last Friday, and this week secretary general Ban Ki-moon called on Russia to "refrain from any acts that could further escalate the situation".

What about the world’s only superpower?

President Obama warned Russia that there would be serious “costs” to any Russian military intervention in Ukraine. However, after failing to intervene in Syria and facing gridlock in Congress, it is unlikely that Obama would be willing to sacrifice the political capital to stage an intervention before the mid-term elections this November.


What does Russia want with Ukraine?

The two countries have been intertwined for more than 1,000 years, not all of it peaceful by any means.

Russia sees the Ukraine as highly strategic – due to Ukraine’s coast it gives Russian ships access to the Black Sea and a warm water port along its Western borders.

It is also important for Russia as it tries to hang on to its “sphere of influence” with countries on its Western borders after the collapse of the Soviet Union and many of its former satellite countries allying themselves with the West in general and the European Union specifically.

Ukraine is also strategic for transit routes for its natural gas pipelines to the west. Losing control of the country would mean losing control of much needed revenue.

Ukraine, particularly the eastern parts, are home to an estimated 7.5million ethnic Russians.

The country is also prized for its fertile plains and rich, dark soil with Ukraine often referred to as “the breadbasket of Europe”.


Where Ukrainians Are Preparing for All-Out War With Russia

A dried-up canal running from Ukraine into Russian-occupied Crimea is emerging as one of Europe’s main flash points.

KALANCHAK, Ukraine — A makeshift dam of sand and clay, covered with patches of grass, blocks one of Europe’s great canals. Beyond it, swans drift in the trickle of water that remains. A duck slides into a wall of reeds below the bare, concrete banks.

This quiet spot just north of Crimea may not look like much. But some Ukrainians fear it could be the thing that ignites an all-out war with Russia.

“Putin could send his troops in here at any moment,” said Olha Lomonosova, 38, explaining why she had packed a getaway suitcase this year at her home upstream. “He needs water.”

President Vladimir V. Putin of Russia ordered some of the troops he had massed on Ukraine’s border this spring to pull back last month, but as many as 80,000 remain within striking distance, and many Ukrainians believe that the threat of a new invasion remains. A prime reason is the 250-mile-long Northern Crimean Canal linking Crimea with Ukraine’s Dnieper River: the main source of water for Crimea until Mr. Putin annexed it in 2014 and Ukraine, in a secret operation, hastily built the dam to block the canal’s flow.

Now, the fertile plain through which the canal runs in southern Ukraine’s Kherson Region has emerged as one of Europe’s main geopolitical flash points. The tensions over the canal spiked in recent months after a drought worsened Crimea’s water crisis, the risk of escalation rising along with the temperature of Mr. Putin’s showdown with the West.

High-powered television transmitters have gone up just over the border in Crimea, beaming the Kremlin’s narrative into Ukrainian-controlled territory. At the canal’s source, huge Soviet-era letters announce “Northern Crimean Canal” in Russian, but they are now painted blue and yellow, the colors of the Ukrainian flag.

The canal is a concrete symbol of the ties that once bound Russia and Ukraine — and of Ukraine’s fundamental challenge of extricating itself from its Soviet past. Water continues to flow through the canal for 57 miles inside Ukraine before the dam cuts off the flow to Crimea, irrigating a land of melon fields and peach orchards where Russian is widely spoken even as a Ukrainian identity is being formed.

A shared Soviet past with Russia still evokes nostalgia among some older Ukrainians, and the Kremlin’s propaganda effort has not let up in the hope that pro-Russian attitudes will one day undo Kyiv’s pivot toward the West. But that nostalgia — along with lingering skepticism of the West’s motives and of the government in Kyiv — is not enough to allay the fears of many over a new war with Russia.

“There’s normal people over there,” Serhiy Pashchenko, 62, trimming pink-flowering peach trees, said of Russia, recalling that he was working on a construction project in Moscow when the conflict broke out in 2014. “But there’s a government over there that does not recognize us as a people.”

In Crimea, after a major drought last year, the water shortage has become so dire that Russian officials have started to evoke the specter of mass death — though warnings of humanitarian catastrophe are contradicted by Russian officials’ assurances that even tourists to Crimea will not go thirsty.

Blocking the canal, a senior official in the de facto Russian government controlling Crimea said in February, represented “an attempt to destroy us as a people, an attempt at mass murder and genocide.” Moscow has pledged to spend $670 million to address the water shortage, but this year reservoirs have been running dry and water is being rationed.

Ukrainian officials are unmoved. Under the Geneva Convention, they say, it is Russia’s responsibility as an occupying power to provide water, and they add that sufficient underground aquifers exist to provide for the population. The Kremlin says that Crimea willfully joined Russia in 2014, aided by Russian troops, after the pro-Western revolution in Kyiv nearly every government in the world still considers Crimea to be part of Ukraine.

“No water for Crimea until de-occupation,” said Anton Korynevych, the representative for Crimea of President Volodymyr Zelensky of Ukraine, spelling out government policy. “Period.”

Mr. Zelensky checked Ukrainian troops’ readiness in a visit to the trenches at the Crimean border last month. Even though Russian troops are withdrawing, he warned, Ukraine must be prepared for them to return at “any moment.” In Washington, senior American officials believe that an incursion to secure the water supply remains a real threat, though the costs and difficulty of such a move appear to have been sufficient to dissuade Russia for now.

About 10,000 young people from across the Soviet Union helped build the canal, a marvel of engineering that drops about an inch in elevation every mile for the first 129 miles so that gravity keeps the water flowing. Sappers and archaeologists led the way, said the canal’s resident historian, Volodymyr Sklyarov they cleared World War II ordnance and the occasional trove of ancient Scythian treasure.

The canal even has its own anthem, still framed on the wall of the canal’s headquarters. “We built the canal in peace, along with the whole great and powerful country,” the words go. “Keep it, as dear as your breath, for your children and grandchildren!”

But when Russia seized Crimea in 2014, a senior aide in the Ukrainian president’s office, Andriy Senchenko, organized the damming of the canal as a way to strike back. Before the canal’s annual springtime opening, he directed workers to pile up a pyramid of bags of sand and clay near the border with Crimea. And he had them put up a sign saying they were installing a flow-measurement mechanism, to put Russian intelligence on the wrong track.

He is convinced that blocking the canal was the right decision because it imposed costs on Moscow, much as military resistance would have.

“In order to cause as much damage to the Russian Federation as was caused by seven years of blocking the canal, tens of thousands would need to have died at the front,” Mr. Senchenko said.

The temporary dam is still what holds back the water about 10 miles upstream from the Crimean border. Ukraine is building a more permanent dam right at the border with hatches that could allow the water flow to be restored if the government decided to do so, said the canal’s head, Serhiy Shevchenko. But those hatches are not yet operational, making it physically impossible for now to resume water delivery to Crimea, Mr. Shevchenko said.

The canal is a divisive issue on the ground, where some residents are influenced by what they see on Russian television.

Natalia Lada, a 58-year-old cafeteria director in the Black Sea beachside town of Khorly near Crimea, says she watches Russian television, even though it is “only propaganda against us,” because she finds it most convenient to receive. She says she has learned that Russia seems “ready for war, ready to conquer us,” perhaps just to win control of the nearby canal.

“If the question becomes, ‘It’s either water or peace,’ then peace is of course better,” Ms. Lada said. “Let’s give them water — why do we need war?”

Ukrainian officials say the reach of Russian television, particularly in the country’s border regions, is a security risk that has gone insufficiently addressed in seven years of war.

They say Russia has been erecting ever more powerful television transmitters in Crimea and separatist-controlled eastern Ukraine that direct signals into government-controlled Ukraine. Kyiv has been trying to counter that by erecting its own new transmitters, but the Russian signals are more powerful, officials acknowledge — a losing game of Whac-a-Mole on the airwaves.

“Filling all these holes is very hard, because their resources are greater,” said Serhiy Movchan, an official overseeing radio and television broadcasting in the regional capital of Kherson.

To hear Russian officials tell it, Ukraine’s leaders since 2014 have forced Russian speakers in the country to “renounce their identity or to face violence or death.” The reality is different in Kherson, where many residents still value some common bonds with Russia, including language — but want no part of a further military intervention by Mr. Putin.

A hill outside the city of Kakhovka, near the canal’s beginning, bears another reminder of historical ties to Russia: a towering Soviet monument of Communist revolutionaries with a horse-drawn machine gun, marking the fierce battles here in the Russian Civil War a century ago. Kyiv in 2019 demanded that the monument be taken down, calling it an “insult to the memory of the millions of victims of the Communist totalitarian regime.” The city refused, and the monument still stands, overlooking rusty, dismantled lampposts.

Tending her mother’s grave at an adjoining cemetery, Ms. Lomonosova, a gardener, and her father, Mikhail Lomonosov, 64, said they did not want the monument torn down.

They spoke Russian, described themselves as “little Russians,” and said they occasionally watched Russian television. But if Russian troops were to invade, Ms. Lomonosova was ready to flee, and Mr. Lomonosov was ready to fight against them.

“We may have a Russian last name, but we are proud to be Ukrainian,” Ms. Lomonosova said. “Everyone has their own territory, though all have a shared past.”


Why Ukraine Is So Important to Putin

Putin's standoff over Ukraine boosted his popularity rating in Russia to 80%.   To maintain this popularity, he will continue to hold onto Ukraine despite the cost. Putin knows that NATO won't protect Ukraine since it is not a member, and that encourages him to continue to attack.

Ukraine, which provided the Soviet agricultural output, had been an important contributor to the former Soviet Union's economy.  It also supplied heavy industrial equipment and raw materials to industrial sites throughout the former USSR.


Where Is Crimea?

Crimea is a peninsula in eastern Europe, located in the Black Sea. It is connected to Ukraine by a small strip of land in the north. The eastern shore of Crimea has a finger that almost touches Russia, and a goal of Russia is to build a bridge across the strait to connect itself to the land.

Recently, Russia has exerted their sovereignty over Crimea. While some other UN member states recognize Crimea as part of Russia, Ukraine also continues to claim the land as an integral part of the country. Most governments support Ukraine’s claim, as does the non-binding United Nations General Assembly Resolution 68/262.

Crimea on a map.


4 Reasons Putin Is Already Losing in Ukraine

E ven a week ago, the idea of a Russian military intervention in Ukraine seemed farfetched if not totally alarmist. The risks involved were just too enormous for President Vladimir Putin and for the country he has ruled for 14 years. But the arrival of Russian troops in Crimea over the weekend has shown that he is not averse to reckless adventures, even ones that offer little gain. In the coming days and weeks, Putin will have to decide how far he is prepared to take this intervention and how much he is prepared to suffer for it. It is already clear, however, that he cannot emerge as the winner of this conflict, at least not when the damage is weighed against the gains. It will at best be a Pyrrhic victory, and at worst an utter catastrophe. Here’s why:

At home, this intervention looks to be the one of the most unpopular decisions Putin has ever made. The Kremlin’s own pollster released a survey on Monday that showed 73% of Russians reject it. In phrasing its question to 1600 respondents across the country, the state-funded sociologists at WCIOM were clearly trying to get as much support for the intervention as possible: &ldquoShould Russia react to the overthrow of the legally elected authorities in Ukraine?&rdquo they asked. Only 15% said yes &ndash hardly a national consensus.

That seems astounding in light of all the brainwashing Russians have faced on the issue of Ukraine. For weeks, the Kremlin’s effective monopoly on television news has been sounding the alarm over Ukraine. Its revolution, they claimed, is the result of an American alliance with Nazis intended to weaken Russia. And still, nearly three quarters of the population oppose a Russian &ldquoreaction&rdquo of any kind, let alone a Russian military occupation like they are now watching unfold in Crimea. The 2008 invasion of Georgia had much broader support, because Georgia is not Ukraine. Ukraine is a nation of Slavs with deep cultural and historical ties to Russia. Most Russians have at least some family or friends living in Ukraine, and the idea of a fratricidal war between the two largest Slavic nations in the world evokes a kind of horror that no Kremlin whitewash can calm.

Indeed, Monday’s survey suggests that the influence of Putin’s television channels is breaking down. The blatant misinformation and demagoguery on Russian television coverage of Ukraine seems to have pushed Russians to go online for their information. And as for those who still have no Internet connection, they could simply have picked up the phone and called their panicked friends and relatives in Ukraine.

So what about Russia’s nationalists? The war-drum thumping Liberal Democratic party, a right-wing puppet of the Kremlin, has been screaming for Russia to send in the tanks. On Feb. 28, as troops began appearing on the streets of Crimea, the leader of that party, Vladimir Zhirinovsky, was on the scene handing out wads of cash to a cheering crowd of locals in the city of Sevastopol, home of Russia’s Black Sea fleet. &ldquoGive it to the women, the old maids, the pregnant, the lonely, the divorced,” he told the crowd from atop a chair. “Russia is rich. We’ll give everybody everything.” But in Monday’s survey, 82% of his party’s loyalists rejected any such generosity. Even the adherents of the Communist Party, who tend to feel entitled to all of Russia’s former Soviet domains, said with a broad majority &ndash 62% &ndash that Russia should not jump into Ukraine’s internal crisis.

That does not necessarily mean Putin will face an uprising at home. So far, the anti-war protests in Moscow have looked almost pathetically temperate. But sociologists have been saying for years that Putin’s core electorate is dwindling. What underpins his popularity &ndash roughly 60% approved of his rule before this crisis started &ndash is a total lack of viable alternatives to Putin’s rule. But this decision is sure to eat away at the passive mass of his supporters, especially in Russia’s biggest cities.

In Monday’s survey, 30% of respondents from Moscow and St. Petersburg said that Russia could see massive political protests of the kind that overthrew the Ukrainian government last month. Putin’s only means of forestalling that kind of unrest is to crack down hard and early. So on Feb. 28, Russia’s most prominent opposition activist Alexei Navalny was put under house arrest less than six months after he won 30% of the vote in the Moscow mayoral race. Expect more of the same if the opposition to Putin’s intervention starts to find its voice.

The economic impact on Russia is already staggering. When markets opened on Monday morning, investors got their first chance to react to the Russian intervention in Ukraine over the weekend, and as a result, the key Russian stock indexes tanked by more than 10%. That amounts to almost $60 billion in stock value wiped out in the course of a day, more than Russia spent preparing for last month’s Winter Olympic Games in Sochi. The state-controlled natural gas monopoly Gazprom, which accounts for roughly a quarter of Russian tax revenues, lost $15 billion in market value in one day &ndash incidentally the same amount of money Russia promised to the teetering regime in Ukraine in December and then revoked in January as the revolution took hold.

The value of the Russian currency meanwhile dropped against the dollar to its lowest point on record, and the Russian central bank spent $10 billion on the foreign exchange markets trying to prop it up. &ldquoThis has to fundamentally change the way investors and ratings agencies view Russia,&rdquo said Timothy Ash, head of emerging market research at Standard Bank. At a time when Russia’s economic growth was already stagnating, &ldquoThis latest military adventure will increase capital flight, weaken Russian asset prices, slow investment and economic activity and growth. Western financial sanctions on Russia will hurt further,&rdquo Ash told the Wall Street diario.

Even Russia’s closest allies want no part of this. The oil-rich state of Kazakhstan, the most important member of every regional alliance Russia has going in the former Soviet space, put out a damning statement on Monday, marking the first time its leaders have ever turned against Russia on such a major strategic issue: &ldquoKazakhstan expresses deep concern over the developments in Ukraine,&rdquo the Foreign Ministry said. &ldquoKazakhstan calls on all sides to stop the use of force in the resolution of this situation.&rdquo

What likely worries Russia’s neighbors most is the statement the Kremlin made on March 2, after Putin spoke on the phone with U.N. Secretary General Ban Ki-moon. &ldquoVladimir Putin noted that in case of any escalation of violence against the Russian-speaking population of the eastern regions of Ukraine and Crimea, Russia would not be able to stay away and would resort to whatever measures are necessary in compliance with international law.&rdquo This sets a horrifying precedent for all of Russia’s neighbors.

Every single state in the former Soviet Union, from Central Asia to the Baltics, has a large Russian-speaking population, and this statement means that Russia reserves the right to invade when it feels that population is threatened. The natural reaction of any Russian ally in the region would be to seek security guarantees against becoming the next Ukraine. For countries in Eastern Europe and the Caucasus, including Armenia, a stanch Russian ally, that would likely stir desires for a closer alliance with NATO and the European Union. For the countries of Central Asia, Russia’s traditional stomping ground on the geopolitical map of the world, that would mean strengthening ties with nearby China, including military ones.

China, which has long been Russia’s silent partner on all issues of global security from Syria to Iran, has also issued cautious statements regarding Russia’s actions in Ukraine. &ldquoIt is China&rsquos long-standing position not to interfere in others&rsquo internal affairs,&rdquo the Foreign Ministry reportedly said in a statement on Sunday. &ldquoWe respect the independence, sovereignty and territorial integrity of Ukraine.&rdquo

So in the course of one weekend, Putin has spooked all of the countries he wanted to include in his grand Eurasian Union, the bloc of nations he hoped would make Russia a regional power again. The only gung-ho participants in that alliance so far have been Kazakhstan (see above) and Belarus, which is known as Europe’s last dictatorship. Its leader, Alexander Lukashenko, has so far remained silent on the Russian intervention in Ukraine. But last week, Belarus recognized the legitimacy of the new revolutionary government in Kiev, marking a major break from Russia, which has condemned Ukraine’s new leaders as extremists and radicals. The Belarusian ambassador in Kiev even congratulated Ukraine’s new Foreign Minister on taking office and said he looks forward to working with him.

As for the impoverished nation of Armenia, a late-comer to Russia’s fledgling Eurasian alliance, it has also recognized the new government in Kiev while stopping short of any official condemnation of Putin’s intervention in Ukraine so far. But on Saturday, prominent politicians led an anti-Putin demonstration in the Armenia capital. &ldquoWe are not against Russia,&rdquo said the country’s former Minister of National Security David Shakhnazaryan. &ldquoWe are against the imperial policies of Putin and the Kremlin.&rdquo

Russia’s isolation from the West will deepen dramatically. In June, Putin was planning to welcome the leaders of the G8, a club of western powers (plus Japan), in the Russian resort city of Sochi. But on Sunday, all of them announced they had halted their preparations for attending the summit in protest at Russia’s intervention in Ukraine. So much for Putin’s hard-fought seat at the table with the leaders of the western world.

In recent years, one of Russia’s greatest points of contention with the West has been over NATO’s plans to build of a missile shield in Europe. Russia has seen this as a major threat to its security, as the shield could wipe out Russia’s ability to launch nuclear missiles at the West. The long-standing nuclear deterrent that has protected Russia from Western attacks for generations &ndash the Cold War doctrine of mutually assured destruction, or MAD &ndash could thus be negated, Russia’s generals have warned. But after Russia decided to unilaterally invade its neighbor to the west this weekend, any remaining resistance to the missile shield project would be pushed aside by the renewed security concerns of various NATO members, primarily those in Eastern Europe and the Baltics. Whatever hopes Russia had of forestalling the construction of the missile shield through diplomacy are now most likely lost.

No less worrying for Putin would be the economic sanctions the West is preparing in answer to Russia’s intervention in Ukraine. Depending on their intensity, those could cut off the ability of Russian companies and businessmen in getting western loans and trading with most of the world’s largest economies. Putin’s allies could also find it a lot more difficult to send their children to study in the West or to keep their assets in Western banks, as they now almost universally do. All of that raises the risk for Putin of a split in his inner circle and, potentially, even of a palace coup. There is hardly anything more important to Russia’s political elite than the security of their foreign assets, certainly not their loyalty to a leader who seems willing to put all of that at risk.

And what about the upside for Putin? There doesn’t seem to be much of it, at least not compared to the damage he stands to inflict on Russia and himself. But he does look set to accomplish a few things. For one, he demonstrates to the world that his red lines, unlike those of the White House, cannot be crossed.

If Ukraine’s revolutionary government moves ahead with their planned integration into the E.U. and possibly NATO, the military alliance that Russia sees as its main strategic threat would move right up to Russia’s western borders and, in Crimea, it would surround the Russian Black Sea fleet. That is a major red line for Putin and his generals.

By sending troops into Crimea and, potentially, into eastern Ukraine, Russia could secure a buffer around Russia’s strategic naval fleet and at its western border. For the military brass in Moscow, those are vital priorities, and their achievement is worth a great deal of sacrifice. Over the weekend, Putin’s actions showed that he is listening carefully to his generals. At the same time, he seems to be ignoring the outrage coming from pretty much everyone else.


Ver el vídeo: Por qué Rusia anexionó Crimea? El problema de PUTIN (Diciembre 2021).